miércoles, 13 de agosto de 2014

UN FRANCO CATORCE PESETAS

Como todos los días Alberto abre su correo, como todos las semanas y sin fallar una sola semana, tiene noticias de Carlos.

Ellos se conocieron en la Escuela Superior de Cocina de Madrid. No eran buenos estudiantes, pero con una buena habilidad para cocinar, así que sus respectivas familias les convencieron para que realizarán allí sus estudios.

Les fue muy bien, desde el primer día Alberto y  Carlos congeniaron, siempre les tocaba en el mismo grupo, siempre eran ellos los que trataban de poner a Alfonso en un aprieto. Tienen curiosidad e iniciativa y muy buena disposición para aprender  decía siempre Alfonso en todas las reuniones con sus padres y tutores.

Los últimos tres meses del último curso fueron bastantes estresantes, tenían varias degustaciones que realizar, tenían que estudiar las asignaturas “coñazo” (eso era lo peor, hincar los codos) tenían que preparar el Proyecto de Final de Curso. Así como asistir a las clases de inglés,  donde curiosamente  ellos habían dado clases desde muy pequeños, pero donde nunca coincidieron,  aunque con el mismo nivel uno iba al “A” y el otro “B”.

Fueron meses en los que los chicos, no tenían tiempo para nada, de aquí para allá, sin apenas fines de semana, las familias, aunque orgullosas, también estaban algo preocupadas. Tendrías que relajarte un poco, le dijo un día la madre de Alberto, ¿por qué no dejas por un tiempo las clases de inglés?

No, le dijo, mientras terminaba de cerrar su mochila. Las clases me relajan. No, no puedo dejarlas ahora,  cuanto mejor formado este,  mejor. Ella tuvo que callar, pues fue la que insistió en apuntar a su hijo a la Escuela Oficial de Idiomas haciendo cola desde la madrugada para que le dieran plaza. 

No había reproche en las palabras de Alberto, porque  según pasaba el tiempo, y en silencio tuvo que claudicar y dar la razón a sus progenitores. Tenía que formarse, tenía que aprender un idioma. Lo que sus padres, no le habían dicho, es que seguramente tendría que abandonarlos y viajar fuera del país, si quería trabajar.

Alberto abrió el correo de Carlos y sonrió:
¡¡Que pasa tío!!, por aquí no mucho, el tiempo como siempre, triste y la gente igual de triste, no me extraña que estén deseando marcharse de vacaciones a España, los días son cortos y el sol no sale y cuando lo hace, yo no lo veo jajajaja. 
¡¡Notición!!, hoy he preparado mi primer sándwich, tío no veas que nervios, tenía al jefe de cocina pegado en la nuca, haciendo un peculiar ruido con la boca, que me ponía enfermo.  Parece ser que les ha gusto, pero por lo visto sale algo caro, y no ven que tenga demasiada salida, así que he vuelto a pelar verduras y fregar algunos cacharros, aunque ayer llego otro español y le han dado mi puesto, ahora soy su JEFE jajajaja. 
Me han subido el salario ahora me pagan la hora a 7,65 euros la hora (neto) y me han hablado de nuevo en  ampliarme el horario, aunque el contrato quedaría igual. 
No sé Alberto, lo mismo me busco otra cosa, aquí en Londres sitios para fregar cacharros sobran y a lo mejor me dan alguna oportunidad para volver a cocinar, bueno, para preparar otro sándwich aunque procuraré que no salga tan caro. 
Alberto, os echo mucho de menos a todos, aunque aquí, hacemos piña, y en cuanto tenemos un minuto, montamos una fiestecilla,  pero para que engañarte, me gustaría volver, me gustaría buscar ese local del que tanto hemos hablado y montar nuestro pequeño restaurant, pero sé, que la cosa allí en “casa” no mejora,  cada vez tenemos menos oportunidades, así que vamos a tener que esperar un poco más. 
Bueno y tú ¿cómo vas?, en tu último correo decías que  sigues buscando curro, que has vuelto a ver Alfonso, pero que sigue sin decirte nada de entrar a trabajar en la Escuela de Cocina como becario. 
Tío, no esperes más y compra  un billete para Londres, yo te busco curro, ya sabes lo que vas hacer, pero a lo mejor aquí podemos hacer realidad nuestro sueño, no te lo pienses y “vente pa´Londres tío” jajajaja.

Alberto, cierra el correo, hoy no le va a contestar. De inmediato  abre Google y  teclea “Vuelos baratos a Londres”.

Hace pocos días, emitieron por cuarta vez la película de Carlos Iglesias  “Un franco, catorce pesetas”, y yo por cuarta vez también me la trague, me encanta, me parece que aunque muchos de estos jóvenes, no hayan visto una peseta en su vida, saben perfectamente lo que es marcharse a otro país para hacer realidad sus sueños, saben perfectamente el precio que tendrán que pagar si quieren desarrollarse profesionalmente o simplemente salir a trabajar para  poder sobrevivir.

Aunque en distintos tiempos, refleja o al menos para mí, la realidad que volvemos a vivir en este país. Antes eran nuestros padres o tíos los que inmigraban, trayéndose sus buenas “perrillas” para terminar de pagar ese piso en el extrarradio, o apareciendo con esos megas coches Peugeot, o Citroen que  hacía las delicias de grandes y pequeños. Ahora son nuestros jóvenes los que tienen que volver a salir, algunos volverán, otros habrán encontrado ese pequeño local, haciendo realidad sueño.

Soy de las personas que piensa, que es bueno que salgan, que es bueno que conozcan, que es bueno que se “busquen la vida”, que es bueno que sepan que los milagros de la nevera llena y la ropa en el armario lavada y planchada no existen Es cierto,  que deben salir, pero, también es cierto que deben salir cuando ellos quieran, que elijan marcharse porque crean que es lo mejor para ellos, porque tengan curiosidad.


Desgraciadamente, no es así, no eligen, no hacen lo que quieren, se ven obligados a salir de su país, se ven obligados abandonar a sus familias, a comenzar una vida lejos de ellos, no porque ellos lo hayan elegido, sino, porque no les queda otra salida.

jueves, 7 de agosto de 2014

¿INSOLIDARIA?, QUIZÁ



Hace ya algún tiempo, que el Ramón y Cajal ya no tiene secretos para mis hermanos y para mi, hace ya algún tiempo que la Neurología, para nosotros no tiene secretos tampoco, entendemos de carótidas, entendemos de doppler, entendemos de stent, entendemos de tratamientos.


Es una enfermedad traicionera, no avisa, no sientes nada, en mi caso la última vez que paso, ella, empezó a gesticular, moviendo mucho los ojos y a estrujarse las manos, pero no se sentía mal. Una vez en urgencias, nos dijeron que fue otro pequeño infarto cerebral, las carótidas sobre todo la derecha ya había dado todo lo que daba de sí, decidiendo, implantarla el stent, aunque era mayor, tenía una buena salud y el único fallo que tenía era ese,  el stent la iba a dar calidad de vida. El tema se complico y los médicos (cardiólogo y neurólogo) se asustaron lo que pensaban que iba a ser una pequeña intervención fue algo más . Pero ella resistió y salió adelante.

Después del susto, nos dieron el alta, pasando nuestras revisiones (doppler, consultas etc., etc), con un trato siempre correcto y cariñoso hacia ella.

Hace apenas quince días, teníamos otra de las revisiones, todo va yendo bien, están contentos con ella, y nos dicen, como de costumbre, que pidamos cita para dentro de un par de meses para realizarla  otro doppler y ver cómo va la otra carótida.

Salimos al mostrador a solicitar dicha cita, la secretaría no dice que no hay fechas disponibles, yo la sonrío y  respondo que no pasa nada,  podemos esperar hasta que pase el verano, que es una prueba rutinaria, ella me mira de nuevo y me contesta que la agenda está ya cerrada que la prueba tendrán que realizársela en enero y que no puede darnos cita porque todavía no la han abierto. 

Justo detrás de mí se encontraba el médico que la trata y desde mi oreja derecha escucho su voz diciendo, eso no puede ser, mire bien, la secretaría algo nerviosa, contesta de nuevo que no hay fechas disponibles. Pues habrá que hacerla una hueco, vuelve a decir el especialista, saliendo disparado al ascensor. La secretaría nos indica que subamos a la quinta planta Neurología y que allí hablemos directamente con el jefe médico y que nos indique que hacer. 

Mi hermana y yo nos miramos y no podíamos creer lo que estaba sucediendo, no hay fechas disponibles, le repetí a mi hermana, y estamos a principios de Agosto, ¡¡increible!!, me voy a la quinta, le dije. Cuando subí a la planta me dirigí al despacho donde los médicos se reúnen y les conté lo que nos había pasado, recalcando que siguiendo las instrucciones de su compañero, había que hacerle un hueco a mi madre, para que la hicieran la prueba lo más rápido posible. 

Salimos de allí, con la garantía que la prueba se la iba a realizar dentro de unos meses, de hecho, tenemos ya la comunicación vía SMS.

Y ahora, os preguntaréis a que viene todo esto, pues francamente a lo que nos tiene a todos en vilo o por lo menos, a mí, me estoy refiriendo al sacerdote Miguel Pajares, me estoy refiriendo a que la entrada de este hombre en España, nos puede traer PROBLEMAS muy gordos, me estoy refiriendo a la infraestructura del viaje, me estoy refiriendo que han dejado un hospital, perdón un planta para su curación (si la hay).

Quiero que se me entienda, a lo mejor es el miedo el que habla en estos momentos, a lo mejor es la rabia de los medios que se han puesto a disposición de esta persona, a lo mejor es incapacidad para decir, NO, ahora mismo este país no puede permitirse esos lujos, a lo mejor me estoy refiriendo a que ese hospital puntero en especialidades de enfermedades contagiosas se cerró, por falta de medios, convirtiéndolo en un geriátrico y ahora por arte y magia se ha vuelto abrir para esta persona.

Es cierto que es un caso de humanidad, es cierto que es un caso del que se habrá hablado en casi todo el mundo, nos hemos puesto a la altura de EEUU, ¡¡¡biennn!!!, supongo que este gobierno habrá dicho “si los yankis pueden nosotros también”.

No me importa en demasía si EEUU puede permitirse ese lujo, pero lo que si tengo claro es que nosotros NO podemos, llamarme insolidaria, mujer sin corazón, me da igual, y así lo escribo, cuando hay personas en este país, que tienen enfermedades de las que llaman “raras” y el único recurso que les queda es salir a la calle, salir en las televisiones para recaudar fondos para sus hijos y llevárselos fuera, cuando hay gente que necesita un tratamiento y se  ve abocado a dejarlo por falta de medios económicos, cuando hay personas impedidas que necesitan atención y no la encuentran por no disponer de medios económicos, cuando hay muchísima gente, pero cuando digo muchísima es muchísima, que está esperando a que le operen, que está esperando a que le hagan una simple prueba rutinaria, encontrándose que cada vez disponen de menos medios, que cada vez se dispone de menos personal,  para mí, no es justo de ninguna de las maneras.

Él es una persona, de acuerdo, hay que ayudarle y poner todos los medios disponibles para su curación, claro que sí, pero él pertenece al “clero”, el lleva trabajando para esa empresa cincuenta años y está puede y debe permitirse ese “lujo” ( perdón, por la palabra "lujo" pero es así) la IGLESIA, se lo debe. Ella dispone de muchísimos medios, me atrevo a decir que mas que nosotros, repito,  puede  y debería hacer estas cosas.

Pido de nuevo perdón, pero me parece tan injusto, aparte de ser una temeridad por parte de nuestro gobierno. No sabemos nada del Ebola, al menos yo, se que mata, sé que no hay cura, sé que uno se muere en cuestión de días, alarmista, pues a lo mejor.

No soy una persona insolidaria, no lo soy, no me juzguéis mal, soy buena gente, de verdad, pero ante estas cosas, no puedo, se me remueve algo por dentro, que tengo que sacarlo, así que, lo escribo y sé, que es el sentimiento de mucha gente, aunque no lo digan, y sé que estamos todos muy preocupados aunque tampoco lo  digamos. Ese es el problema de este país que seguimos sin decir nada.

miércoles, 16 de julio de 2014

UNA HISTORIA FELIZ


Carmen de ocho años de edad, no entiende porque esta noche, hay tanto ruido en casa, a esas horas piensa, mamá y papá están viendo la tele,  la puerta de mi habitación está cerrada y Pompas (su cachorro  yorkshire) sentado en el suelo, no deja de mover las orejas.

Tranquilo Pompas, dice Carmen, ven sube aquí conmigo.

Mientras acomoda al cachorro a su lado, le dice, a mamá y a papá no les gusta que duermas aquí, y de pronto escucha como las ruedas de una maleta pasan por su habitación, ella se pregunta si es que se van de de nuevo a la playa, mientras cierra sus grandes ojos verdes, quedándose dormida  al lado de su amigo.

A la mañana siguiente sigue siendo todo raro, la puerta de la habitación está abierta y Pompas no está a su lado, mamá tiene mala cara, parece no haber dormido en toda la noche. ¿mami, no vas a trabajar hoy? ¿a qué hora viene Laura?, ¿mamá?.

Ella no escucha a su hija, sentada enfrente de ella, mira su cuarta taza de café, no ha dormido en toda la noche, es incapaz de escuchar nada, en su cabeza solo resuena las últimas palabras de su hasta hoy marido “no podemos continuar así Merche, tenemos que hacer algo al respecto, tu no me quieres y yo tampoco a ti”  “tu no me quieres y yo tampoco a ti tampoco”, “tu no me quieres y yo tampoco a ti”.

No podía quitarse esas palabras de la cabeza, mamá, mamá el desayuno, ¿mamá, qué te pasa? ¿estás malita?, Merche sigue sin hacerle caso, sólo es capaz de acariciar al pequeño animal, que le hace cucamonas a dos patitas.

¡¡Mamá!! le vuelve a decir Carmen, el desayuno, y es cuando ella repara en Carmen, la sonríe, y como si acabara de llegar le dice con media sonrisa, ¿ya te has despertado? mientras se levanta de la silla y la abraza por detrás, haciéndole cosquillas, ¿bueno qué le apetece desayunar a la princesa?, Carmen mientras ríe, piensa, …mama no está bien, llevo aquí un rato largo, y ahora se da cuenta, a mamá la pasa algo, mientras se da la vuelta en la silla y  la abraza fuertemente, gritando ¡¡mamaaaaaaaa!!!

Merche, la prepara el desayuno, y sale al tendedero a fumarse un cigarro (prohibido fumar en la casa nueva, dijo Carmen en cuanto estuvieron instalados), ella mira a su madre mientras se come una de las tostadas. Sabe que la pasa algo, está fumando mucho, se dice, en cuanto venga papá se lo dirá para que la regañe, el tabaco es malo, la gente se muere y yo no quiero que se muera, se dice a sí misma, en cuanto venga papá le diré que la vuelva a regañar, a él le hace mas caso que a mí dándole otro mordico a la tostada
.
¿Mamá? ¿nos vamos a la playa otra vez?, pregunta Carmen, ¿qué cariño? pregunta Merche, mientras apaga apresuradamente  el cigarro, ¿qué si nos vamos otra vez a la playa? Esta vez habla más despacio, su madre está sentada a un lado de la mesa. No, le dice Merche. Si acabamos de venir hija, y entonces porque a noche volvisteis a sacar la maleta, ¿qué maleta Carmen?, Mamaaaaaaa, no me engañes ehhh, que oí anoche las ruedas de la maleta grande.

Merche envía a Carmen a vestirse, van a bajar juntas a “Pompas”, y mientras ella corre por el pasillo, Merche vuelve al tendedero, vuelve a encenderse otro cigarro y vuelve a la noche anterior, ella acababa de acostar a Carmen  y Juan había subido de la calle con el perro, como de costumbre ella se sentó en uno de los taburetes que había en el tendedero y para su sorpresa, Juan se sentó a su lado. A él, no le gustaba el olor a tabaco, no le gustaba que Merche fumase e intentaba por lo menos dos veces a la semana que ella lo dejara.

En cuanto Merche, le vio acercarse, le dijo, tienes razón, tengo que dejarlo, prometo pensar en ello, mostrándole una bonita sonrisa, pero Juan hoy no quería hablar de tabaco, no quería hacerle reflexionar sobre su salud. Juan quería hablar de ellos, de su relación, de lo que estaban haciendo con sus vidas, de cómo todo giraba alrededor de Carmen, de cómo hacía ya algún tiempo no se entendían, no hacían nada juntos, ya no compartían nada, excepto a la niña y a su “amigo Pompas”.

¡¡Mamá!!, grito Carmen desde su habitación, no encuentro las sandalias, Merche apaga el cigarrillo y va  en busca de ellas, sabe  que están en el zapatero y que Carmen como de costumbre no las ha buscado.

Han llamado a la puerta, Carmen sabe que es papá, nadie más, toca la puerta como él, sale corriendo con una sandalia en la mano, ¡¡papaaaaa!! es ¡¡papaaaaa!! le dice a Pompas mientras corren por el pasillo, cuando abre la puerta, Juan como de costumbre tiene los brazos abiertos esperando a que Carmen salte a su cuello, está vez Juan aprieta a su hija más de lo acostumbrado y ella, mientras ríe, le dice papá me haces daño, de inmediato la deja en el suelo y saluda a Pompas, acariciándole su cabecita, buen perro, eres muy bueno, Merche ha salido de la habitación y saluda a Juan, sin demasiado entusiasmo, que prontito has venido de trabajar papá, le dice Carmen, mientras termina de abrocharse la sandalia, Juan mira a Merche y sabe por su cara que ella no le ha dicho nada todavía,  Merche sigue con el plan que trazaron la noche pasada.

Queda algo de café, le dice Merche a Juan, vale le contesta, mientras se dirige a la cocina, tengo hambre, Merche se le queda mirando y vuelve a decir, te preparo una tostada, no, le dice Juan, ya lo hago yo. Carmen no ha notado nada, sólo que papá se ha ido a trabajar y ha vuelto a desayunar, Carmen no sabe nada, ella, está en el comedor con la tele encendida y sus papas en la cocina desayunando juntos.

Han salido a pasear a Pompas, han preparado la bolsa para bajar a la piscina, han jugado en el agua los tres como de costumbre, mamá ha bajado un pequeño aperitivo que entre aguadillas y risas se toman, Carmen está contenta juega, chilla, y papá sigue haciéndole aguadillas a mamá y está a su vez ríe e intenta perseguir a papá por toda la piscina, Carmen no ha notado nada. Carmen sigue jugando con sus amigas mirando de vez en cuando a sus padres como siguen jugando en la piscina.

Han pasado casi dos años desde la separación de Merche y Juan, de mutuo acuerdo alquilaron el domicilio conyugal y  Carmen ahora dispone de dos casas nuevas, más pequeñas  como cuenta, a sus amiguitas, Carmen sabe que papá vive muy cerca de mamá, sabe que ella se va con él cuando quiere, no hay problemas, no hay un “te toca a ti, me toca a mí”, ella elige con quien quiere pasar la noche ,  nadie trata de convencerla para que cambie de opinión, ella decide con quien quiere pasar el fin de semana,  nadie trata de convencerla para que cambie de opinión, ella elige.

Carmen, sólo es una niña, y actúa como tal. Pero  sabe que papá y mamá son buenos amigos, sabe que papá y mamá no están enamorados, que no volverán a estar juntos, sabe que quizá papá o mamá vuelvan a  rehacer sus vidas. Pero de lo que está segura es que nunca será una moneda de cambio, que nunca chantajeará a sus padres, que nunca tendrá que elegir, que nunca se preguntará,  si ella es la causa de la separación. No llorará a escondidas preguntándose si ha tenido la culpa de la última bronca, Está segura que  papá y mamá estarán ahí, siempre con ella, porque es su princesa, porque no les mueve ningún interés económico, porque  ante todo SON PADRES.

domingo, 6 de julio de 2014

LA ENTREVISTA

Como  todos los días Juan Carlos se ha levantado a la misma hora, pero hoy un poco más contento,  su rutina  ha sido la misma, ducha, afeitado, desayuno y esperar  a  Lucía,  su mujer,  a la que lleva a trabajar al Ministerio de Fomento  todos los días.

En el coche, Lucia está especialmente más risueña, aunque en el fondo también se encuentra algo más preocupada, después de año y medio Juan Carlos va hacer su primera entrevista después de su despido. Después de año y medio observando cómo su marido se marchitaba día a día, por fin, hoy, le ha vuelto a ver ese brillo en los ojos, por fin, hoy, le ha vuelto algo de esperanza, por fin, hoy, Juan Carlos se ha atrevido hablar de futuro.

Mientras termina de pintarse en el coche, recuerda la voz de su marido cuando la llamo al despacho “Luci, me han llamado para hacer una  entrevista (le dijo con voz temblorosa) tengo que estar el miércoles a las diez y media de la mañana y preguntar por José María de las Arenas”. Lucía no se le ocurrió preguntarle qué empresa le había llamado, que tipo de trabajo le habían ofrecido, no se le ocurrió nada de nada, sólo se le saltaron las lagrimas, sólo fue capaz de decirle, “te invito a comer”, colgando inmediatamente el teléfono y marchándose al baño a llorar.

Lucia, este año cumplirá los cincuenta años, y de un tiempo para acá, la vida no ha sido fácil para ella, ha tenido que trabajar mucho y más duro, ya que en el Ministerio donde lleva  trabajando casi treinta años, las cosas se han ido poniendo cada vez más difíciles, cada día se enfrenta a más recortes sus apoyos han ido saliendo uno a uno del mismo, tras trabajar con ella cerca de diez años, ha visto como su departamento ha ido mermando poco a poco y los papeles amontonándose.

A ella,  nunca le asusto el trabajo, de hecho su puesto nunca peligro, después de los  distintos cambios de gobiernos. De ella se dice que es una persona responsable, que sabe dirigir bien a su equipo, que sabe encontrar soluciones donde muchos no creían que existían.

Pero desde hace más o menos año y medio, la vida de ella cambio radicalmente, todavía recuerda cuando llego a casa tras un día agotador en el Ministerio y encontró a Juan Carlos en la cocina, sentando ante la mesa, con una cerveza en la mano, y un taco de papeles en la otra.

¿Qué ha pasado Juan Carlos? ¿Qué son todos esos papeles? Le pregunto Lucía, mientras se quitaba los zapatos y buscaba algo en la nevera.

Me han despedido, le dijo Juan Carlos de sopetón, me han echado, le volvió de decir dando un trago largo a su cerveza, Lucía se paralizo, tardo algunos segundos más en sacar la cabeza de la nevera, ¿cómo es posible?, pensó Lucía, ¿qué vamos hacer? se dijo de nuevo y cogiendo otro bote de cerveza, cerro la nevera, sentándose enfrente de Juan Carlos. ¿por lo menos te habrán arreglado los papeles del paro? pregunto algo ofendida.  Claro mujer, aquí lo tengo todo, supongo, volvió a decir Lucía ¿qué has  revisado la liquidación?. Claro mujer, Juanjo no se ha separado de mi, y la hemos revisado juntos. Tranquilízate por favor Lucía,  todo está bien, todo es legal.

Ella quería desaparecer, ella quería meterse en la cama y hacer como si hubiera sido un mal sueño, ella no quería estar enfrente de Juan Carlos, no porque no le quisiera, no porque no le apeteciera estar con él, no, nada de eso. No sabía que decirle, Juan Carlos siempre había sido el optimista, Juan Carlos en todas las situaciones a las que se habían enfrentado desde hacía ya veinticinco años, siempre veía la botella medio llena, jamás de los jamases se permitió el lujo de verla medio vacía, para eso estaba ella, pesimista desde siempre, recibiendo apoyo  de su marido, escuchando sus consejos y llevándolos a cabo, con muy buenos resultados. Que le iba a decir ahora, que consejos le iba a dar ella ahora a él. Tenía todo su apoyo, siempre lo tuvo, pero ahora ¿qué iba a ser de ellos?, ¿ la botella seguiría medio llena?.

Los días fueron pasando, los meses también, y Juan Carlos no dejaba de mirar ofertas de trabajo de rehacer una y otra vez su CV y enviarlo a distintas empresas, Juan Carlos no dejaba de llamar a “amigos” ahora casi desaparecidos (estaban reunidos, no se encontraban en el despacho, no contestaban al móvil) definitivamente se habían esfumado. Mientras Lucía, no dejaba de hablar con compañeros, con superiores, tratando de buscar para Juan Carlos una nueva oportunidad laboral, pero siempre recibía la misma contestación, “es una persona muy cualificada, tiene un buen CV, pero tiene cincuenta y tres años, demasiado mayor”.

Ella siempre le contaba sus avances en relación a su CV, siempre optimista, le contaba que había hablado con fulanito que a su vez tenía un amigo que podría echarle una mano, jamás le contó que era demasiado mayor, que quizá tenía demasiada experiencia,  que buscaban otro perfil, que habría que formarle y una vez formado enseguida le llegaría la edad de jubilarse, ella siempre entraba en casa con una sonrisa, con algún enlace de alguna empresa para que insertarse el CV, pero Juan Carlos empezó a ver “la botella medio vacía ” , su mirada lo delataba, se marchitaba por días. Aunque con  una actitud positiva  (madrugaba, la lleva al trabajo, realizaba las tareas de casa, hace planes para el día), sus ojos no la engañaban sabía que de un momento a otro, Juan Carlos podría hacer explotar la botella.


Esa noche, Juan Carlos, una vez más se levanta de madrugada, como muchas más,  no es capaz de conciliar el sueño, Lucía, como de costumbre le escucha, levantándose en muchas ocasiones, en otras le deja a solas, sabe que lo necesita, pero hoy decide levantarse, mañana tiene la entrevista, mañana tiene que estar descansado, mañana va a ser su gran día, mañana por fin, será él quien la invite a comer. Sabe que está en el comedor con la televisión puesta, sabe que no la hace caso, sabe que la necesita, se acerca a él, se acurra a su lado susurrándole  “mañana la botella empezara a llenarse de nuevo”.

domingo, 15 de junio de 2014

TODA UNA VIDA QUE VIVIR

Tardan mucho, se decía mientras miraba por el gran ventanal del salón. ¿Les habrá pasado algo?, se preguntaba. Cuando los llame la semana pasada,  me aseguraron  que vendrían  y que traerían consigo a sus hijos.

Hoy era su cumpleaños, hoy cumplía 75 años, se había comprado para la ocasión, un bonito vestido rosa palo, había bajado a la peluquería, donde según Marta la peluquera de la Residencia  le había quitado de un plumazo diez años.

Estaba arreglada, estaba maquillada, estaba perfumada, estaba como siempre con ese aire de elegancia tan característico en ella, estaba esperando y no la gustaba, miraba su reloj de pulsera, mientras sostenía entre sus manos su teléfono móvil de alta generación, preguntándose una y otra vez el porqué de la tardanza de sus hijos.

Elisa, siempre fue una  mujer muy independiente, viuda desde  muy joven, nunca quiso casarse de segundas, con una vez vale, les decía a sus amistades, no volveré a cometer el error de casarme, tengo una vida que vivir.

Había tenido dos hijos Carlos e Isabel se llevaban poco tiempo, eran dos niños muy bien educados, habían estudiado en los mejores colegíos de Madrid y de Inglaterra. Los dos tenían sus respectivas carreras universitarias,  él Doctor en Derecho  y ella Ingeniero Informático.

Pronto empezaron a trabajar, los hermanos se llevaban bien, siempre juntos , todavía Elisa recuerda cuando sus hijos decidieron marcharse a Estados Unidos, a Isabel le ofrecieron una beca en uno de los Centros más importantes de San Francisco y Carlos sin pensárselo la acompaño, estuvieron cerca de tres años viviendo allí, a raíz de la gran crisis decidieron volver a España, trayéndose consigo sendas parejas, Elisa, sabía de las bodas de sus hijos, sabía que tenía dos nietos Anita y Stuart, pero ella nunca tuvo tiempo de viajar a San Francisco, tenía una vida que vivir.

Tardan mucho, continuaba diciendo sin dejar de mirar  por el gran ventanal del salón. Les a tenido que suceder algo, arreglándose una vez más el recogido. Fue entonces cuando Elisa decidió, acercarse a la recepción y preguntar si tenían algún mensaje de sus hijos, lo siento señora Martin de Leal, no tiene ningún recado, le dijo la amable recepcionista.

Una débil idea se le paso por la cabeza. “No van a venir”, pero enseguida la descarto, afirmando van a venir soy su madre y abuela, hoy cumplo 75 años volviendo al gran salón, volviendo  a mirar por el gran ventanal de la Residencia, diciéndose una y otra vez “vendrán” “claro que vendrán”.

Le dolían las piernas de estar en pié y decidió sentarse en una de las butacas, sin  perder de vista el jardín. Y sin saber muy bien porque, empezó a recordar  sus anteriores cumpleaños. Recordó  cómo se llenaba de gente su casa de Somosaguas (escritores, pintores, actores de cine y teatro, hasta videntes) era uno de los fines de semana más maravillosos. "La crème de la crème" contaban las revistas de cotilleos. Catering exclusivos, vinos de categoría, música en vivo, hasta un año hubo fuegos artificiales regalo de uno de sus invitados de Marruecos, recordaba los diferentes tipos de regalos que recibía y que ella, también ofrecía a sus invitados.

Recordó que muchos de ellos eran compañeros de viaje. Recordó lo bien que se lo pasaban en invierno cuando iban a esquiar a Suiza o a Estados Unidos. Recordó lo bien que lo pasaba en Estambul en primavera. Recordó también, lo bien que lo pasaba en Palma de Mallorca en verano y como lo alargaban marchándose a la República Dominicana.

Pero era incapaz de recordar una sola Navidad con sus hijos, no podía recordar cuándo fue la última vez que paso una vacaciones de verano con ellos, siempre estaban fuera estudiando, siempre de internado en internado, y en verano con Alma su tata que los llevaba de vacaciones a la casa de los abuelos paternos en  Peñíscola donde pasaban todas sus vacaciones y donde Elisa aterrizaba algún fin de semana, presionada por Alma. Tengo toda una vida que vivir, le decía siempre a la tata, tú no lo entiendes, y de malas maneras aparecía un sábado por la mañana y desaparecía el domingo a primera hora de la tarde.

En las horas que ella se encontraba en Peñíscola , sus hijos  agradecían el esfuerzo que su madre estaba haciendo por ellos, les llevaba a la playa, jugaba con ellos en la piscina de los abuelos, preparaba la merienda para sus amiguitos y hasta hacía planes con ellos para la próxima Navidad. Ellos siempre deseosos de que las horas no pasaran, ellos siempre deseosos de que ese año por fin celebraran la Navidad en Madrid, con su madre y abuelos, ellos deseaban creer, deseaban estar con ella, pero desgraciadamente eso nunca ocurría, desafortunadamente, la casa de Somosaguas en Madrid, siempre estaría vacía por esas fechas, un  año más,  Elisa y sus amigos decidieron pasar la Navidad al calorcito de una playa caribeña.

Y los años fueron pasando y los niños ya adolescentes, seguían educándose, seguían estudiando, seguían con su tata, Elisa aparecía en graduaciones, Elisa seguía apareciendo en Peñíscola, Elisa seguía llamando por Navidad, ahora sus hijos eran ya mayores y cuando se encontraba en Madrid deshaciendo o haciendo alguna maleta, siempre se justificaba con ellos diciendo: tengo una vida que vivir y salía de nuevo de sus vidas.

Hacía ya algún tiempo que la situación económica de Elisa era delicada, muy delicada, Esteban el hombre de confianza de sus negocios ya se lo advirtió. Debes echar el freno Elisa, las cosas ya no marchan como antes, empezamos a deber mucho dinero, tenemos que cerrar algunos negocios, pero la contestación que recibía de ella, era siempre la misma tengo una vida que vivir y salía del despacho de Esteban muy enfadada.

Esteban, que junto con Alma siempre estuvo al lado de los hijos de Elisa, decidió reunirlos en su despacho y contarle en la situación en la que está se encontraba. Tiene demasiadas deudas, habría que pensar en vender la casa de Somosaguas, le dijo preocupado. Los hijos que ya sabían algo, no pusieron ningún tipo de oposición, Isabel con cierta pena dijo, que se venda,  pero Peñíscola la mantenemos y miro a su hermano Carlos que de inmediato, afirmo con la cabeza.

¿Qué hacemos con ella? pregunto Carlos con cierta vergüenza, ¿con quién? pregunto Isabel, con mamá, donde vivirá ahora, continuo diciendo Carlos. Esteban, lo tenía todo calculado y les dijo que con lo que obtuvieran de la venta de la casa Elisa, podría ingresar en una buena Residencia, a su altura, dijo, mientras sonreía y cerraba la carpeta, pero, preguntó Carlos de nuevo, ¿ella está conforme con eso?, tendrá que estarlo dijo Isabel de repente, tiene una vida que vivir,  mirando   a su hermano, también con cierta vergüenza.

Los acontecimientos de desarrollaron, rápidamente, la casa se vendió muy bien, ninguno de los hijos quiso comprarla y eso que Esteban insistió, pero les traían demasiado malos recuerdos, Elisa fue perdiendo sus amistades, algunas igual que ella, habían perdido todo, decidiendo recluirse en alguna  Residencia que pudieran pagar, otras habían desaparecido, ya no había fiestas, ya no había viajes, se esfumaron.

El último cumpleaños que paso en Somosaguas lo paso con sus amigas del alma  Carmen y Daniela que igual que ella estaban solas y a punto de arruinarse. Fue un cumpleaños triste, fue un cumpleaños con una pequeña  merienda y una tarta de cumpleaños del Eroski. Ella sabía ya que el próximo sería en la Residencia, aunque siempre albergaba la ilusión de que alguno de sus hijos la invitara a irse a vivir con ellos.

 Tenía la esperanza que Esteban le dijera que alguno de los chicos había comprado la casa, que no tendría que preocuparse, que finalmente se quedaría allí, pero Esteban aparecía en casa con personas interesadas en el inmueble, ella siempre y antes de que apareciera la visita,  salía a dar un paseo, no quería ver la cara de esas personas, que invadían su intimidad, que visitaban  su dormitorio y se sentaban en su salón, era su casa y la iba a perder, sus hijos, definitivamente no la iban ayudar.

Elisa ingreso en la Residencia hacía ya nueve meses, tenía una buena habitación y la gente era amable con ella, había servicio peluquería, tenían una masajista y una piscina cubierta que en verano también podía usarse. Sus hijos junto con Esteban fueron con ella, visitaron todas las instalaciones y se marcharon con un “mañana te llamaremos para ver cómo has pasado tu primera noche”, ella se quedo en la puerta mirando cómo se iban sus hijos, se les quedo mirando con rabia y pena, la habían “aparcado” en una Residencia para viejos. ¿Qué habré hecho mal? se preguntaba mientras despedía a sus hijos y a Esteban con la mano.

Elisa seguía en su butaca, algo adormecida pero sin quitar la mirada del gran ventanal de la Residencia, sus ojos estaban humedecidos, no van a venir, repitió, no van a venir, tienen una vida que vivir.

sábado, 7 de junio de 2014

INVISIBLES



Esta es la historia de dos amigas, esta es la historia de dos mujeres, esta es la historia de la experiencia. Esta es la historia de dos INVISIBLES más.

Alicia y Yolanda se conocen desde hace décadas, Alicia con sus recién cumplidos 51 años, lleva más de año y medio sin trabajar, Yolanda con sus 56 acaba de quedarse en paro.

Aunque amigas, no son de las que se ven demasiado, pueden estar meses sin verse, pero cuando quedan, pareciese que hubieran estado juntas todos los días, se llevan bien, nunca se reprochan nada, quizá Yolanda, por no verse más menudo.

Ayer mismo estuvieron hablando por teléfono, Yolanda, no lo está pasando demasiado bien, a ella como a Alicia, le gusta trabajar, necesita sentirse útil, y desde hace un mes, le han enviado a casa, de muy buenas maneras, con mucho cariño, pero le han enviado a casa. Alicia por su parte trata de entenderla, trata de comprenderla, trata de hablarle de la manera más afectuosa que puede, ya que ella sabe que por mucho que le diga, por muchas ilusiones que Yolanda quiera hacerse (en buscar un nuevo empleo) Alicia sabe que ya son INVISIBLES, que lo que toca ahora es saber administrarse, que lo que toca ahora es aprender a vivir de otra manera, que lo que toca ahora es aprender a sacrificarse.

Yolanda le habla de su situación económica, se agobia, se pone nerviosa, repite una y otra vez que terminara viviendo de la caridad de su familia, repite que debe hacer recortes en su economía, y vuelve a agobiarse. Tranquila le dice Alicia, ella sabe perfectamente por lo que está pasando su amiga, ella sabe que tendrá noches en el que se despierte con la misma cantinela, habrá días enteros en los que se pregunte ¿Qué va a pasar conmigo?.

Alicia, con el auricular en su oreja sigue afirmando con la cabeza, sigue tratando de calmar a su amiga, la oye, pero no la escucha. No sabe. como decirle a su amiga que deberá aprender a administrarse, no sabe, como decirle a su amiga que por muchas ofertas en las que se apunte, por muchos CV que deje, la desestimarán (…es demasiado mayor, tiene demasiada experiencia, necesitamos caras más jóvenes), no sabe, como decirle a su amiga que cuando vaya a la oficina de desempleo le hablarán de ayudas, le dirán que a su edad no lo tendrá tan complicado, que tendrá que dar casi las gracias, por tener la edad que tiene, ya que enseguida pasará a tener una ayuda hasta que se pueda jubilar, no sabe, como decirle a su amiga, que cuando vaya la orientadora laboral, cuando explique cómo está buscando empleo, lo único que le dirán, hay poco trabajo y el poco que hay, no es para vosotros, lo importante es que los jóvenes empiecen a trabajar, no sabe, como decirle a su amiga que está en tierra de nadie que para esta sociedad es INVISIBLE.

Alicia con el auricular en su oreja, sigue pensando que trataran de convencerla que la única salida, es que sea una emprendedora, y vuelve a repetir ¿emprendedora de qué? Yolanda sigue lamentándose, sigue hablando de las horas libres que tiene, sigue hablando y lamentándose de lo injusta que es la vida, mientras Alicia, callada sigue pensando quien habrá sido el artífice de esa palabreja, que tan de moda se ha puesto.

Nos engañan, se dice a sí misma, mientras sigue calmando a su amiga, no saben qué hacer con nosotros y ponen de moda la palabrita de marras. Hay que ser emprendedor vosotros aportáis una gran experiencia y lo escriben en letras bien grandes, aportáis muchos conocimientos, debéis seguir adelante, debéis emprender y dejar de soñar con una nómina, eso es una utopía. Hay que atreverse con las nuevas tecnologías, continua diciendo, hay que modernizarse y seguir con los tiempos, hay que seguir adelante, concluye el “vende humo” de turno.

Alicia sigue con el auricular en la oreja, continua oyendo, continua sin escuchar a su amiga, y recuerda lo que ella le contesto a este individuo, exponiéndole sin ningún tipo de tapujo su situación y la de algunos más y recuerda la gran cantidad de personas que se sumaron a su comentario, y recuerda la cantidad de personas que tras ese post llegaron a la misma conclusión SOMOS INVISIBLES.

Yolanda parece más tranquila, parece que se ha desahogado del todo y le dice a su amiga que cuando van a verse, Alicia sonríe y contesta cuando quieras, ahora lo que nos sobra es tiempo.

viernes, 30 de mayo de 2014

FELIZ DÍA DEL ORGULLO FRIKI


Sí, señor, votaré porque todos los 25 de mayo sea el día del Orgullo Friki.

Sí, señor, celebraré esa fecha como el día en el que este país le dio definitivamente el espaldarazo al bipartidismo, le dio el espaldarazo a toda esa panda de políticos decadentes, a toda esa panda de políticos sin nada que decir, sin nada que hacer. Políticos, que poco a poco van retirándose, con caras con compungidas, con caras de circunstancias, y porque no, con cara de soberbia y rabia.

Sí, señor, por fin hemos abierto nuestros legañosos ojos, por fin un poco de aire sin viciar, por fin un poco de esperanza.

Y es que, a pesar de las encuestas, a pesar de los estudios (esos que cuestan tanta pasta, y que por cierto pagamos nosotros, como de costumbre) han demostrado una vez más lo equivocados que están, bueno, quién dice equivocados, dicen amañados.

Porque la realidad ha sido otra, la cruda realidad ha dado por fin la cara  mostrándose tal y como es. No estamos  por la labor de seguir con los brazos cruzados, estamos ya cansados de tanta palabrería rancia,  estamos cansados de ver las mismas caras y lo peor, estamos cansados de que no hagan nada. Necesitamos renovarnos y el día 25 de mayo fue el día. PODEMOS el partido de los frikis más frikis  será la tercera fuerza  superado en votos a IU y  UPyD.

Yo fui una de tantísimas personas que los voto, no me importa reconocer que me plantee lo que se llama el voto útil, pero  no me apetecía en absoluto, quería un cambio y el voto útil no me convencía en absoluto.

¿Un voto para la “chica de ayer”?, ni hablar, saque  de  mi bolso mis gafas de cerca y  busque la papeleta del “tertuliano”, pensando, os voy a dar una oportunidad, aunque algunos  me dijeran que su programa es inviable, que son  demasiado radicales, que son demasiado jóvenes.  Y mientras metía la papeleta en el sobre pensé. Son caras nuevas, caras con nuevas ideas, caras que están en la calle, que viven como nosotros, que saben la verdadera realidad que vive este país, y lo dicen porque ellos la viven igual que nosotros, y sin temblarme el pulso, metí en la urna la papeleta. Saliendo del colegio con una gran sonrisa en mi cara y satisfecha. ¡¡Bien hecho!!, me dije. 

Ahora que ha pasado un poco la euforia del momento, me daría mucha, muchísima pena que por hablar tanto de la famosa “casta” empezarán a entrar en ella. Me gustaría pedirles que siguieran adelante, ahora ya saben que  los apoyamos, me gustaría  que no hubiera ningún tipo de coalición, estamos con vosotros, no necesitamos a ningún partido grande, poco a poco lo haremos nosotros, sin su ayuda, nosotros PODEMOS.


Debéis, mejor dicho, debemos seguir creciendo, debéis, mejor dicho, debemos seguir adelante, debéis mejor dicho, debemos no tener miedo, debéis, mejor dicho, debemos  hacer caso omiso a las críticas, como dice un buen amiguete mío: frente a hechos no caben argumentos. Los resultados son los que mandan.

Sólo me resta recordaros que  El poder es como un explosivo: o se maneja con cuidado, o estalla.  (Profesor Tierno-Galván)