miércoles, 1 de mayo de 2013

LA MULATA


María Soledad Artiles de Sancho, nació un 24 de Diciembre,  en La Habana,  era una noche calurosa, pegajosa, la gente reía y bailaba y mientras su mamá la paria. Su  llanto se oyó en toda la plaza. Tenía la piel suave muy suave de color café con leche (largo de café) la nariz afilada, y unos ojos grandes color avellana. El ama, nada más nacer, la apodo con el  sobrenombre de LA MULATA.

La mulata crece, tiene una infancia feliz,  su piel es todavía más suave y sus ojos son aún mas grandes y profundos. A ella le gusta bailar, ella es puro merengue, ella es pura cumbia, pero acuerda con los suyos terminar sus estudios y finalizados estos la recompensarían con llevarla a la academia de baile de Doña Teodora.

Una tarde, ensayando junto con sus compañeras, sin aviso ninguno aparece Damián uno de los responsables del Ballet Nacional Cubano. A él llama la atención una jovencita con pañuelo en la cabeza, vestido de algodón blanco y piel café con leche, no puede evitarlo, no puede dejar de mirar cómo mueve los pies, cómo mueve las caderas, cómo se mueve toda ella, no, no puede dejar de mirarla. Ella sabe que la está observando, también se ha fijado en él, no sabe quién es, pero decide que va a bailar para él.

Concluida la clase, la señorita Teodora hace llamar a la mulata, ella con una toalla sobre los hombros, avanza hacia ellos lentamente, limpiándose el sudor únicamente con un pico de su vieja toalla rosa, sin dejar de avanzar. Teodora detrás de Damián le hace señales para que sea más rápida, pero la mulata avanza insinuante, avanza lentamente, sin dejar de mirar fijamente  a los ojos a Damián.

Teodora, bastante nerviosa por el comportamiento de la mulata, hace las presentaciones pertinentes, Teodora le explica a ella que Damián, tiene interés en hacerle una pequeña prueba en el Ballet pues cree que con el tiempo podría llegar a ser una gran figura del baile cubano. Por un momento, la mulata desvía la mirada de nuevo hacia él, no puede creer lo que Teodora la acaba de decir, no puede ser que estén interesada en ella, no, no puede ser, se repite una y otra vez.

Ahora es Damián, es el que toma la palabra y dirigiéndose esta vez a las dos, les dice que no hay que hacerse demasiadas ilusiones, es sólo una pequeña prueba, él, no es el que toma las decisiones  artísticas, pero  ella debería hacer es prueba y está vez Damián mira a la profesora.

La mulata vuelve a su casa, contenta, sus ojos hoy brillan más que de costumbre, sus ojos están llenos de ilusión, y como todos los días desde que nació se dirige hacia el  Malecón, su “Malecón” y como todos los días se queda mirando como las olas altas, fuertes y frescas rompen sobre él. Pero hoy es una tarde especial,  puede que dentro de poco su sueño (bailar) puede hacerse realidad. Pero a la vez le asaltaba la incertidumbre, Damián, ha sido sincero con ella,  será sólo un pequeña prueba, él, no era quién tomaba las decisiones artísticas. Debía hacerlo bien, pensaba, no debía de fallar, se decía. Quería bailar y tenía una oportunidad de oro en sus manos.

 En casa la noticia, hubo diferencias de opinión. Madre delicada de salud  desde que nació la mulata, la cogió las manos y mirándola a esos ojos tan profundos color avellana como los suyos, le dijo, persigue tu sueño, en la vida una oportunidad así sólo se tiene una vez. Padre miembro del Gobierno Cubano sin demasiada relevancia, no le hizo demasiada gracia, él creía o quería que la mulata se formará e ingresará en el Partido activamente consiguiendo  aquello que él no pudo, no, no le hizo gracia y así se lo dijo. El ama fue la que alisándose el delantal (siempre lo hacía cuando estaba nerviosa) dijo niña ten cuidado, bailar, bailar,  meneaba la cabeza, niña ten cuidado y se marcho sin dejar de menear su cabeza.

El día de la prueba y como un ritual la mulata se acerca a su Malecón, no hay demasiada gente, algunos turistas borrachos, alguna santera realizando sus rituales matutinos y ella quieta, muy quieta, la brisa del MAR le acaricia la cara, le acaricia su suave piel. Cierra los ojos, respira profundamente, abre  los brazos y dice ¡¡voy a conseguirlo, voy a bailar!!!

Están llegando al teatro, y la mulata, se para se toca el pañuelo que lleva en la cabeza, se arregla un poco el vestido y se endereza un poco más,  mira a su ama (madre no ha podido acompañarla le ha vuelto a subir la fiebre) y la guiña un ojo, el ama la mira se siente orgullosa de su niña y cogiéndola de la mano, cómo cuando era pequeña, la mira intentando transmitirla  tranquilidad,  aunque a ella  los nervios le están devorando las tripas.

Una vez allí, les espera Rosaura, ella es una de las “manos derechas” de la Directora del Ballet. Rosaura, en cuanto la ve, queda por algún motivo desconocido para ella, gratamente sorprendida, sabe que la mulata no podrá bailar en el Ballet Nacional, es demasiado mayor, pero tiene “un algo especial” que pocas veces se ve.

Una vez realizadas las presentaciones, Rosaura, sabe que el ama, no va a querer abandonar a su mulata, así que le dice que debe sentarse en unas de las butacas y estar calladita, oiga lo que oiga, debe callar, el ama la mira con recelo, accede a su petición y obedece sin rechistar todo sea por ella,  por su mulata.

La mulata sube a un gran escenario, le sudan las palmas de las manos, siente el pañuelo humedecido, pero  cierra los ojos y vuelve a ver su Malecón, vuelve a sentir, la suave brisa de su MAR, y la música suena, ella todavía con los ojos cerrados, nota como sus pies empiezan a moverse como sus caderas obedecen a sus pies y sus manos y cabeza obedecen a sus caderas, siempre es igual. Siempre son los pies los que dan la primera orden. No deja bailar, no deja de moverse, insinuante pero a la vez la envuelve un halo de majestuosidad nada común, comentan los ayudantes de Rosaura, ésta, sin quitar los ojos del escenario, y en voz baja, dice bravo mulata, no pares, baila mulata, baila…

Concluida la sesión, los únicos aplausos que oye, son los de su ama, su querida ama, Rosaura, sube al escenario y le pregunta quién la ha enseñado a bailar así, ella conoce la escuela de Doña Teodora y sabe que no ha sido ella. La mulata, baja los ojos  y algo consternada le dice que nadie, ella  es su profesora/alumna, Doña Teodora siempre la regaña, por no seguir los pasos de las demás. Rosaura suelta una fuerte carcajada, no puede evitarlo y llevándose las manos a sus caderas, le dice pues sigue siendo tu misma Mulata, sigue siendo tu misma, desapareciendo detrás del  gran telón.

Damián ha estado observándola, todo el rato, sabe qué Rosaura le ha gustado, la conoce, se levanta, bajando al pasillo a saludarlas. La mulata, lleva agarrada del brazo a su ama, no están demasiado contentas, nadie le has dicho nada, Damián desde el fondo del pasillo central, le hace una señal para que le esperen y así lo hacen, quietas ama y niña, lo miran, lo esperan con los ojos de un niño que  espera su recompensa o una buena regañina. Damián cortésmente saluda primero al ama y después a la mulata. La mulata, no se atreve a preguntar, le da miedo, pero el ama (perro viejo, y sin pelos en la lengua) le dice que no entienden muy bien qué es lo que ha pasado, se han marchado y no nos han dicho nada D. Damián, ¿la niña no les ha gustado?.

Damián, ríe y les convida a un café en el mismo teatro. Una vez sentados, Damián mira a la mulata y sonriéndole de nuevo, le dice, se, que les has encantado, se que van a contar contigo, ellos quieren personas así como tu mulata, no debes preocuparte, ¿así que ha sido un éxito?, replica el ama, Damián la mira y abriendo sus enormes ojos negros le dice si doñita!!! y los tres ríen a carcajadas.

Han pasado algunos años la mulata ha crecido profesionalmente, es una artista reconocida, su sueño se estaba haciendo realidad, pero su vida también sufren algunos cambios no tan agradables. Madre muere en brazos de su ama, sin dar guerra, dulcemente cómo era ella. Padre se marcho a vivir con su querida de toda la vida y el ama siempre al lado de su mulata. Ella  se ha hecho mayor muy mayor, ya no está para viajar y un día camino de Santiago de Cuba a La Habana, llegan a su casa a la de toda la vida, le da un fuerte beso a la mulata y le dice niña, tengo ya ganas de reunirme con tu madre, estoy cansada, me voy a dormir. El ama ya no despertó más, se fue como siempre, sin dar ruido, sin dar problema alguno.

La mulata tiene fama, tiene “dinero” y a Damián siempre a su lado. Él ha sido su administrador, ha sido su confesor, chofer, le ha ensañado a vestirse, a maquillarse, Damián ha sido su todo, menos su amante  y a la mulata eso le entristece, desde la primera vez que vio a Damián se enamoro de él y ella pensó que era correspondida, pero el tiempo le haría ver lo contrario, Damián, nunca estuvo enamorado de ella, nunca se lo demostró, nunca hubo una palabra o algún acto que le dijera lo contrario. De hecho la mulata tuvo algún que otro amorío, pero sólo eso, Damián lo único que se atrevía a decirle es  “cuando uno menos se lo espera, llega por fin el verdadero amor, el amor para toda la vida”. Cada  noche se dormía pensando en cada una de aquellas palabras, y muchas noches lloraba hasta quedarse dormida, porque  ella,  sí que había encontrado el amor verdadero, había encontrado a  Damián.

Siguen cosechando triunfos, tanto en Cuba, como en otros países sudamericanos. Pero lo mejor o eso creen, llegan cuando una de las salas más importantes de New York quieren contratarla. La mulata no puede creérselo, no sabe si reír o llorar y decide hacer las dos cosas a la vez, Damián, serio le dice que no debe hacerse demasiadas ilusiones, no sabe si el Gobierno les dejará marchar, no es fácil mulata, no es fácil.

Damián inicia todos los trámites para gestionar los permisos, pero una y otra vez se los anulan, Damián, insiste una y otra vez pero el gobierno no cede, no quieren oír hablar más del tema y así se lo hacen decir, el mensajero no es otro que padre. La mulata, se revela, se enfurece, se entristece, sólo quiere ir a bailar a New York, no quiere quedarse, quiere enseñar lo que hace y quiere aprender, quiere formarse en el extranjero, le dice a padre. Padre, se marcha, no quiere oír más, se va triste, cabizbajo, por primera vez, padre, se da cuenta de lo importante que es el baile en la vida de su hija. 

Pasado algún tiempo de ese suceso, le llega a Damián otra oferta para trabajar en España, antes de referírselo a la mulata, Damián habla con padre y este le concierta una entrevista personal con las autoridades, esta vez hay suerte, les van a conceder un visado por 2 meses para que viajen a España.

Damián, no sabe cómo darle la noticia, la mulata desde lo sucedido con el contrato  en New York,  anda algo rara, muy rara, han rechazo varias ofertas para trabajar, ha hecho oídos sordos a todas ellas. Sólo quiere estar en su Malecón, pasa horas enteras viendo como rompen las olas. Damián, sabe perfectamente lo que le pasa y la deja hacer, o más bien la deja “no hacer nada”, pero  no quiere demorar más la noticia. Tiene que contárselo, tienen que hablar.

Cuando ella llega por fin a casa, casi de anochecida, Damián ha preparado una “suculenta cena” ha invitado algunos amigos íntimos y la esperan todos en silencio en la azotea, Damián como de costumbre, está en la cocina y ella como de costumbre también, le besa en la mejilla, Damián, le dice que se cambie de ropa, hoy van a cenar en la azotea,  hace demasiado calor dentro y les vendrá bien recibir un poco de esa “brisa” que ella tanto le gusta.

La mulata, como casi siempre, le hace caso, se da una ducha rápida se  coloca  su pañuelo habitual en la cabeza y elige  un vestido largo color blanco. Bajando los cuatro peldaños que separan el comedor con los dormitorios,  Damián con una bandeja en las manos , la mira, se para en seco, no puede dejar de mirarla  está  enamorado de ella desde la primera vez  que la vio bailando en la  escuela de Doña Teodora. Ha sido, es y será el amor de su vida, lo sabe y no va a dejar pasar de nuevo la oportunidad para decírselo, lo tiene todo planeado, tiene que decírselo.

Damián y la mulata suben cogidos de la mano a la azotea, allí sus íntimos los esperan, la mulata mira a Damián y abre a la vez los ojos y la boca y no sabe qué hacer, si llorar o reír, así  que, como de costumbre hace las dos cosas a la vez, de nuevo mira a Damián y este le entrega un sobre grande color sepia, le tiemblan las manos, se le caen los mocos y las lagrimas no dejan de caerle por las mejillas. Pero eso no es ningún inconveniente para ella, tira de la solapa del sobre y vuelca el contenido encima de la mesa. No puede ser, se va a España dentro de veinte días, chilla, llora, se ríe y busca a Damián que como siempre se ha quedado un poco más atrás que los demás. La mulata le busca y lentamente se acerca a él, lentamente, delicada e insinuante a la vez, el a su vez también  avanza lentamente hacia, y cuando están cara a cara la besa, la besa con pasión contenida de 15 años, no hay voces, no hay murmullos,  sólo ellos dos.

Son los veinte días, maravillosos, llenos de amor, llenos de ternura, llenos de compresión y de mucha compenetración. Ahora ríen y lloran juntos, y por cada resquicio de la casa,  se respira felicidad, se respira ilusión, se respira un amor para toda la vida. La mulata, no cabe en sí, es de nuevo la niña de hace quince años pero ésta vez con su amor correspondido y eso le hace estar constantemente bailando y cantado antiguos boleros, mientras termina de empacar sus enseres para marchar a España.

Aterrizan en Madrid, y la ciudad les acoge con ellos deseaban, la mulata triunfa una vez más y los teatros se la “rifan”. Damián recibe ofertas de los sitios más emblemáticos para bailar, contratos suculentos, dinero que en la vida pensaban podían tener. Pero hay que marcharse los visados dentro de poco caducarán, Damián se acerca al Consulado con otro contrato de trabajo y consigue por mediación de padre, otro visado de 2 meses, los últimos le dice padre a través del teléfono, tenéis que volver Damián, le dijo padre serio, no hagáis ninguna tontería le advertía. Damián sabía que las palabras de padre querían decir otra cosa, padre había llegado a la conclusión que su hija debía quedarse en España, cada vez que hablaba con ella lo notaba, su mulata era feliz allá, le contaba cosas que allí no podía ni imaginarse que podía hacer.

Una noche y tras terminar una función en el teatro, la mulata le pregunta a Damián, porque hoy no la ha visto bailar, ¿te encuentras mal?, Damián está sentado en una de las butacas del camerino y parece como ausente, la mulata todavía con su ropa de bailar y su pesado maquillaje, se inclina hacia él y vuelve a preguntarle. Damián, la coge con las manos las dos mejillas y le dice, pidamos asilo político, quedémonos aquí, la mulata baja los ojos y suavemente le quita las manos de las mejillas, incorporándose y mirando al enorme espejo que hay frente a ella, empieza a desmaquillarse, lentamente, Damián que ésta reflejado en él la mira y encendiéndose un cigarrillo, le dice ¿qué contestas? ¿lo hacemos?.

La mulata, no  sabe qué decir, no sabe qué hacer. Sólo piensa en su Malecón, ya no podrá volver a él, sólo piensa en las personas que tienen enterradas allí, ya no podrá llevarlas flores silvestres y hablar un ratico con ellas, no podrá volver a ver a padre,  no podrá volver a  su Cuba nunca más, pero Damián, quiere quedarse, le está hablando de planes a futuro, no puede defraudarle, no quiere que el día de mañana se lo reproche, no quiere perderle y la mulata, vestida de calle y sin un gramo de maquillaje en la cara, se acerca a Damián y le susurra, quedémonos, nos va a ir bien, quedémonos…

Han pasado algunos años, a Damián y a la mulata no les ha ido tan mal. Tienen dos pisos en propiedad y una escuela de baile en el centro de Madrid, donde la mulata da sus clases, cuando no tiene trabajo. La academia la lleva Damián personalmente y tiene éxito, mucho éxito entran y salen alumnos de todas clases y edades, a é  le gustaría ampliar el negocio, pero la mulata siempre le dice lo mismo, estamos bien así, estamos bien así.

De un tiempo para acá a Damián le cambia el carácter y se ha desmejorado mucho, la mulata con una paciencia infinita le convence para llevarlo al médico, un buen amigo suyo, también cubano y que igual que la mulata, se quedo en España por amor. Humberto Peña, así se llama, trabaja en una de las mejores clínicas privadas de Madrid, él es oncólogo o cancerólogo como le dice riendo a sus amigos.

Humberto, los recibe en su despacho y el aspecto de Damián no le gusta en absoluto,  y de inmediato, les envía a ver a otro colega, para que le realice un buen chequeo, Damián protesta, él dice que lo que tiene es cansancio, sólo eso, que no va a gastarse el dinero en una pruebas para que finalmente no le encuentren nada. La mulata se enfada con él, le grita (es la primera vez que le levanta la voz) llora y Damián accede a ingresarse y realizarse dicho chequeo.

La mulata, tiene que salir de viaje a Barcelona, le han llamado para una conferencia sobre el baile cubano, Damián y Humberto le dicen que vaya tranquila, hasta dentro de unos días no estará completado el “dichoso chequeo”. Se marcha  de mala gana, en su interior sabe que algo no marcha tan bien como Damián y Humberto le han dicho, asistirá a la conferencia y tomará el avión a primera hora de la tarde.

Mientras en la clínica Damián y Humberto están a la espera de los resultados, el Doctor Esteban médico internista de la clínica, se reúne con los dos en la habitación de Damián. En la mano trae un sobre blanco y Humberto apoyado sobre la mesa, lo abre y le echa  un vistazo a las pruebas tiene un tumor en el estomago. A  Humberto le cambia la cara de color, Damián, sentado en su sillón, no se atreve a preguntar, sabe que algo no va bien, Humberto trata de sonreír a su amigo y le dice que han encontrado un pequeño tumor en la boca del estomago, que no quiere esperar y que esa misma tarde van a realizarle un biopsia tienen que averiguar si el tumor es benigno o maligno, Damián, sólo le hace una pregunta ¿cuánto tiempo Humberto? Humberto le quita importancia y le aconseja que no se ponga en lo peor, seguramente sea un quiste de grasa, Damián le pregunta ¿en el estomago? Si, le contesta Humberto, no te vas a morir.

La biopsia es positiva, es un tumor maligno y el equipo de Humberto decide operarle a la mañana siguiente no pueden perder tiempo. La mulata ya está con Damián  y este no quiere ocultarle nada, nunca le ha mentido y no lo hará esta vez. Le cuenta lo sucedido omitiendo algún que otro detalle y sólo le dice que mañana le operan para tratar de extirparle al “bicho” . Esa noche se la pasan los dos sentados en el sofá de la habitación, Damián le ha ido dando instrucciones sobre la academia de baile, le habla sobre el piso que tienen alquilado y cómo les realizan los pagos, le habla de papeleo bla, bla bla, eso es lo que escucha la mulata, no quiere oír, no quiere pensar en nada, sólo quiere que Damián siga abrazándola, sólo quiere que Damián se quede con ella siempre.

Desde hace dos semanas se encuentran en casa, finalmente Damián tenía un tumor en el estomago que había producido metástasis en hígado y vesícula. Los médicos recomendaron un tratamiento agresivo de quimioterapia y eso destrozaba a Damián, cada vez estaba más delgado y mas amarillo, y la mulata siempre a su lado, no quiere oír nada de negocios, no quiere oír nada de trabajo, ella   personalmente es la que de día y de noche atiende a Damián, la que saca fuerzas de flaqueza para atusarse el pañuelo y vestirse de blanco, color favorito de su amor.

En España, la burbuja inmobiliaria ha empezado a pasar factura a muchas familias, crece el paro y la gente deja de  lado sus hobbies. La academia cierra y el pisito que tienen alquilado se queda vacío, los inquilinos ha decido marcharse de nuevo a su tierra Ecuador.  La enfermedad, se come los ahorros de la pareja, los tratamientos, medicinas, entradas y salidas del hospital, y demás cuidados, son caros de mantener, pero ella no escatima, vende el pisito, hipoteca su casa de nuevo, no le importa.

Humberto y la mulata se han hecho grandes amigos y una tarde, tomando un café en la cocina le dice a la mulata que no hay nada que hacer, Damián no responde a los tratamientos, debe dejarle marchar y le habla de las diferentes Asociaciones de Cuidados Paliativos, tiene que morir en paz y con dignidad le dice Humberto, el café de la taza de la mulata se derrama por toda la mesa, llegando a las piernas de la mulata, ella no reacciona, tiene la mirada perdida, le tiemblan las manos, le tiembla la garganta, le tiemblan los ojos, pero no suelta ni una sola lagrima, se juro no llorar, Damián no podía verla con los ojos hinchados.

Damián sabe que se muere, sabe que le queda poco, está cansado, cada vez más deteriorado, tiene ganas de marcharse, tiene ganas de dormirse para siempre, pero debe luchar por sobrevivir un día más por su mulata, eso es lo que todos los días le dice su mulata “dame un día más”

Los de cuidados paliativos, vienen todas las tardes y Damián queda tranquilo, adormilado, ésta a gusto pero hoy les dice a “los chicos” que no le inyecten nada, quiere estar lo más despejado que pueda, acceden y se marchan, la mulata a los pies de la cama, no se explica que es lo que le pasa, ha mejorado mucho y él le indica que se meta en la cama y que lo abrace. Ella lo hace inmediatamente, se descalza y se mete en la cama, Damián está algo frío, pero en sus brazos va a sentirse mejor, piensa la mulata. Damián es casi un saco de huesos, le sobra pijama por todas partes y la mulata lo abraza sin ningún esfuerzo. Damián le dice al oído, mulata, guapa, cántame un bolero cubano

Cada vez que te miran mis ojos,
cada vez que me acuerdo de ti, 
cada vez que te tengo a mi lado, 
cada vez me enamoro de ti,
cada vez que te veo en mis sueños, 
cada vez que suspiro por ti… 

Damián, apoyado en el pecho de la mulata, cierra los ojos, sonríe y deja de respirar,  ha muerto, pero la mulata no deja de cantar, una y otra vez hasta que amanece, a la mulata le tiemblan las manos, le tiembla la garganta, le tiemblan los ojos, tiembla toda entera, pero no llora, Damián no puede verla con los ojos hinchados.

A la mulata la conozco de hace tiempo, siempre anda  rebuscando con una especie de vara metálica en los cubos de basura de mi barrio. Es extremadamente delgada y siempre lleva su pañuelo en la cabeza, y mientras rebusca, tararea un viejo bolero cubano. Hace unos pocos días o algunos más, me encontraba buscando aparcamiento, era ya algo tarde y sabía que me iba a costar, me pare y vi que había un hueco entre un coche y los cubos de basura, estaba complicado pero tenía que intentarlo. Una vez colocada, miro por los espejos retrovisores y la veo a ella como trata de ayudarme, me hace señales para gire a un lado y a otro  y finalizadas las maniobras, noto un ligero golpe en el maletero vuelvo a mirar y ella tiene los dedos pulgares levantados,¡¡ oook!!. Salgo de coche con una moneda en la mano, ella se marcha y yo detrás ella, se gira, me mira y sonríe. Es de noche pero me fijo en sus ojos grandes color avellana, mi fijo en sus ojos tan intensos pero tan llenos de pena, me acerco, no hago intención de darle la moneda,  no me atrevo, tengo la sensación de ofenderla, la miro y únicamente soy capaz de darle las gracias, ella no contesta, inicia de nuevo su camino tarareando un viejo bolero cubano.







miércoles, 17 de abril de 2013

MARI LOLI


Tengo un amiguete que hace ya algún tiempo fue noviete tuyo, no sé si te acordarás, él, aunque dice que sí, pues no tuviste  demasiados, líos muchos, pero novios, dice que pocos, y me da permiso para llamarte  Mari Loli que es cómo te recuerda.

Mari Loli, la estas armando buena, entre los despidos diferidos (¿eng?, te ruego perdones mi ignorancia pero soy de las que no entendió nada de nada), los nazis, totalitaristas, etarras  y dictadores, te estás llenando de gloria, ¡¡hermosa!!!.

A mi entender, lo  primero que tienes que hacer es aclararte o son nazis o etarras, las dos cosas Mari Loli  no pueden ser.

Mari Loli, me das pena, mucha pena, creo que sólo os queda el recurso de la “pataleta”, sabes como yo, que su causa está mas que justificada, de verdad  no sabes lo que dices, no, no lo sabes, y nuestro amigo en común piensa lo mismo, no te vayas a creer.

No entiendo que no os podáis poner en la piel de esas personas, que después de toda una vida trabajando, en algunos casos, de la noche a la mañana la expresión “vivir debajo de un puente” empieza a tener sentido para ellos.

Mari Loli  los nazis, eran o son  asesinos, igual que los dictadores,  los totalitaristas sois vosotros, a ver si nos vamos entendiendo. Cómo podéis toda tu camarilla y tu Mari Loli permitiros utilizar  esos adjetivos con un grupo de personas que están luchando,  por una ley inadecuada, coño (ay, ay perdón, que me acaloro) que hasta Bruselas les ha dado la razón.

Mari Loli, me imagino lo incomodo que debe ser, salir de casa o entrar me da igual que me da lo mismo y encontrar a una “purrela” de gente, en la entrada de tu "hogar", perdón, vosotros tenéis "domicilios". Debe ser difícil explicar a esos niños vuestros, mientras salen o entran en vuestros domicilios, uniformados y van o vienen del cole, que hacen esos señores ahí, porque chillan, porque llevan pegatinas verdes y porque algunos de ellos lloran. Es cierto debe ser muy complicado.

Mari Loli, pero imagina también, como esas personas, tuvieron que explicar a los suyos (niños), que tenían que irse de casa, imagínatelo, aunque sólo sea un minuto. Imagina la cara de esos niños, imagina cómo papá y mamá perdieron sus trabajos, imagina que los ahorros poco a poco se esfumaron en pagar la hipoteca, imagina cuando llega el personal del juzgado comunicarles que tienen que abandonar su vivienda, imagina cuando esa familia tiene que abandonar definitivamente “su hogar” imagina la primera noche de esos niños no se sabe dónde, imagina las palabras de papá y mamá diciéndoles, tranquilos, tenéis que estar tranquilos y darse la vuelta para que no vean sus lagrimas en sus ojos, francamente Mari Loli  ¿no se te remueve nada por dentro?.

Mari Loli, habláis de lo desconcertante que es, encontraros a esos grupos de personas; habláis de intimidad, habláis, bla, bla bla. Pero ¿es justo que una familia se quede sin trabajo? ¿es justo que LA FANTASÍA  de cierto partido, por cierto, el tuyo, creara esa ENORME burbuja inmobiliaria y que cómo de costumbre la paguen los de “siempre”? ¿es justo el acoso al que las entidades bancarias los tiene sometidos? ¿es justo que las entidades bancarias, sigan enriqueciéndose, mientras el país está a punto de "petar"?

Mari Loli, no te molesto más, pero  me gustaría que pensarás quien son realmente “los nazis” ¿quien está asesinándonos poco a poco? ¿quién nos está haciendo día a día la vida más y más difícil? ¿quién poco a poco nos va acorralando? ¿quién no ha aprobado, ni un solo artículo de la ILP en el día de hoy? y eso que llevaban más de millón y medio de firmas ¿quién son los totalitarios?

Por cierto,  mi amiguete te manda muchos recuerdos…

miércoles, 10 de abril de 2013

AURORITA EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS


Cuenta la leyenda que Aurorita vivía en un gran país, un país alegre, un país luminoso, un país donde se respiraba simpatía, donde en pocas horas pasabas de esquiar a bañarse en sus cálidas AGUAS MARINAS, un país donde la gente derrochaba simpatía por sus cuatro costados, su país era Piel de Toro.

Pero de un tiempo para acá, el país Piel de Toro, se había convertido en un país triste, cuentan que la gente perdía sus trabajos, cuentan que perdían sus viviendas, cuentan que los enfermos morían, a los niños ya no se les vacunaban, cuentan que se había puesto del todo imposible estudiar. Poco a poco se fue convirtiendo en el país corrupto, donde por lo visto se habían perdido los principios, donde se había perdido toda credibilidad política, donde nadie tenía ninguna clase de responsabilidad, donde gran parte de ellos eran “presuntos” ladrones. Ya no era un país alegre, la luz que impregnaba toda la Piel de Toro, se tornaba grisácea como la de sus habitantes, Lorenzo (Rey Sol) ya no le dejaban brillar (los recortes habían llegado hasta él).

Aurorita se levanta como cada mañana, desayuna, se lava los dientes y se ducha, siempre la misma rutina, pero esa mañana se mira más atentamente al espejo de su baño y nota que su cara hoy, ésta más grisácea que de costumbre, vuelve a fijarse y vuelve a darse un poco más maquillaje, el color no se va, finalmente decide que debe ser la luz del baño, la que le hace tener ese aspecto.

Una vez en su vestidor, busca la ropa que va ponerse, se fija de nuevo en el espejo que hay dentro , observando, que su cuerpo también ésta más grisáceo, pero no quiere darle importancia, busca su falda pantalón un suéter de cuello alto y sus botas de marca, comienza a vestirse, no tiene prisa hace tiempo que ya no la tiene, pero no ha perdido la costumbre y se viste en un "pis pas" cuando termina de abrocharse las botas, cree perder el equilibrio apoyándose cómo en muchas ocasiones en su gran espejo. Posa la mano para no caerse, se ve de nuevo reflejada en su salvavidas y nota que su color de cara ahora es diferente, observa sus manos ya no están grisáceas, toda ella ha cambiado. 

Sale a la sala principal de su pequeño piso y la luz impregna toda la sala, abre las ventanas, corre una brisa suave y cálida, mira hacia arriba y su amigo “Lorenzo” luce cómo nunca. Termina de arreglarse y de nuevo se mira en el espejo pero ésta vez en el del baño, no puede creer lo que ve. No espera más y sale a la calle bajando los escalones de su vivienda de dos en dos, no sabe lo que ha sucedido.

Una vez en la calle, lo primero que recibe nuevamente es un “bofetón” de aire cálido y la bienvenida de un sol radiante, le choca ver a toda la chiquillería del barrio jugando en la calle a juegos que a ella le traen recuerdos de su pasado (balón prisionero, cuerda, saltar a la goma, el rescate, el escondite inglés, bicicletas) se siente bien, pero a la vez desconcertada, dirige sus pasos, hacia el gran parque que hay cerca de su pequeña vivienda y vuelve a encontrar lo mismo, los niños juegan, ríen, chillan, son felices. La gente más mayor, parece igualmente feliz, hablan unos con otros, juegan con sus hijos, otros juegan con sus perros y otros simplemente están sentados en el césped leyendo el periódico o simplemente mirando a su alrededor, se respira tranquilad, se respira armonía, se respira felicidad.

Sigue andando, sin prisas, deteniéndose a mirar como unos niños han pintado a tiza un circuito de carreras en la acera y se disponen a echar una carrera a las chapas, se para de nuevo para observar con otros dos pequeños juegan con sus pequeñas raquetas al tenis y ella sigue sin prisas, sigue andado, no sabe hacia dónde se dirige, pero ésta vez no la importa, quiere impregnarse de tanto calor como pueda, quiere seguir viendo caras felices, no tienes prisa se repite una y otra vez, disfruta de todo esto.

En algún punto de ese maravilloso paseo, le llega el sonido de la música, de aplausos, de risas y sin pensarlo dos veces, se dirige hacia allí. Hay mucho bullicio, ve a la gente como salta, canta, bailan y no tarda en acoplarse, salta, baila y canta, no sabe que festejan, pero no la importa, se uno a ellos, les mira y la miran, les sonríe y les sonríen, está contenta, no sabe muy bien porque, pero no la importa.

Alguien la toca el hombro y con la mano le indica que le acompañe, no le conoce, no hace preguntas, se limita a seguirle. Una vez fuera del recinto, le pregunta ¿qué tal te lo estas pasando Aurorita?, se sorprende, y a manera de respuesta Aurorita le contesta con otra pregunta. ¿Me conoces? , él sólo la mira, continuemos, nos están esperando. Y vuelven a ponerse en marcha ¿por qué te abrigas tanto? ¿tienes frío?. No la deja responder, no puede dejar de mirarle la espalda, tiene unas piernas largas y la deja atrás, intenta ponerse a su altura y vuelve a preguntarle ¿por qué sabes mi nombre? ¿a dónde vamos? ¿puedes bajar el ritmo? apenas puedo seguirte … Por toda respuesta recibe un “follow me” llegamos tarde, ¿tarde a donde? Por unos instantes sé detiene ,se da la vuelta y la dice, quieres venir ¿sí? o ¿no?. 

Por sus cálculos han caminado más de una hora, las zancadas de él a medida que se van acercando, son cada vez más grandes, y Aurorita hace grandes esfuerzos para no perderle, de vez en cuando “patas largas”, se detiene y sonriéndole, le hace un gesto con la mano para que le siga. No sabe dónde se dirige, no sabe su nombre, no sabe quién es, pero continua caminado detrás de él, no le importa, sabe que nada malo la puede suceder…

Llegan a una especie de nave en medio de la nada, Aurorita, no sabe donde ésta, no es capaz de ubicarse. El hombre “patas largas”, le hace una señal para que entre, su vista se resiente, la cuesta fijar la mirada, la nave está más oscura de lo normal, pero poco a poco los ojos empiezan a reaccionar y comienza a observar a su alrededor, no tiene miedo, está tranquila, algo no habitual en ella. Se fija en las enormes mesas rectangulares, hay tres, dispuestas en paralelo, pareciera que fuera a celebrarse un banquete.

Aurorita avanza lentamente, mirando a las personas de su alrededor, todas les sonríen y le dan la bienvenida, alguna de ellas le ofrece una botella de agua, lo que agradece, otra le da una toallita impregnada de algo parecido a la colonia, llevándosela de inmediato a la cara llena de sudor. Sigue caminado y sigue observándoles, son personas como ella, no hay nada raro en ellos.

Ella, no deja de seguir a “patas largas”, ahora no debe perderle se dice. El hombre se detiene cerca de una mesa redonda, aparta uno de los sillones y le indica que se siente, ella le mira, y él sonriendo, le retira el sillón y le pide por favor que se siente. Aurorita, se sienta, se pone todo lo cómoda que puede, y espera, no sabe muy bien a qué o a quién.

No se atreve a girarse, se limita a mirar de reojo a “patas largas” que se ha sentado a su lado, mira al frente y empieza a ponerse algo nerviosa, tranquila, tranquila, ya no falta mucho le dice “patas largas” sin mirarla. Cuando de repente no sabe de dónde salen siete personas, caminan despacio, caminan sin prisa, vienen conversando, se paran y gesticulan y vuelve a ponerse en camino, no tienen prisa. Una vez que se encuentran enfrente de ella y de “patas largas”, se sientan, la luz se hace más clara, una de los paneles de la nave se ha abierto y entra el sol, ese Rey Sol que a Aurorita tanto le gusta, pero ésta vez, a ella sólo le interesa saber el motivo de haberla llevado hasta allí. Ésta desconcertada, no sabe porque, pero se ha desilusionado ¿qué hago yo aquí sentada con siete ancianos? Uno de los ancianos, sin más la mira a la cara y con una media sonrisa le dice ¿te ha gustado lo que has visto?, ¿sabes por qué estás aquí?.

Ella, no responde, sólo los mira, y sin poder controlar su cabeza, les pregunta ¿quién sois? ¿qué queréis de mi? En esta ocasión, es otro de los ancianos el que toma la palabra. Estas ante el Consejo de Sabios del País.

Le tiemblan las manos, sus ojos , hablan de la experiencia ya vivida. Aurorita, no puede dejar de mirarle y en su cabeza se le apelotonan las preguntas. Quieren que le hablen quieren que le expliquen, pero no se atreve, en su cabeza sólo retumba una frase “Somos el Consejo de Sabios del País”, no puede creer lo que la está sucediendo. Por fin otro de los sabios toma la palabra, Aurorita sale de su ensimismamiento y escucha con atención.

Verás Aurorita y la voz suena tranquila, sin prisa, nosotros hace algún tiempo estábamos como los habitantes de Piel de Toro “grises”, no teníamos ganas de reír, no teníamos ilusión, no teníamos ganas de luchar. Es cierto que algunos grupos lo intentaban pero ganaban alguna “batalla” no la guerra. Así que un día estos amigos y yo mismo decidimos que ya era hora de plantar cara, de explicar a los habitantes de este país, que podrían cambiar de color si ellos lo intentarán, que se podía. No hubo gritos, no hubo pancartas, ni tampoco mítines, nos reuníamos al principio en pequeños grupos y estos a su vez fueron trayendo más y más gente. 

Nuestras criterios, toma la palabra otro de los ancianos, querida amiga, estaban o mejor dicho, están basados en nuestra experiencia, en no tener necesidad ninguna de brillar, de saber transmitir calma y sobre todos mucho sentido común, es importante que lo recuerdes. 

Aurorita, reacciona y se le ocurren muchas preguntas, ¿cómo salisteis de todo eso? ¿cómo volvisteis a vuestro color original? ¿qué puedo hacer yo? Los ancianos se miran entre si y por fin se oyen risas, se vuelven a mirar y alguno de ellos dice, vaya, ¿así qué puedes hablar? y vuelven a oírse risas.

No hay un ¿qué puedo hacer yo?, no es una labor individual, es una labor de todos vosotros, ha de haber unión, hay que poner ganas en querer salir, hay que saber decir basta ya!!. Nosotros lo hemos conseguido, nos ha costado, pero ha salido bien, buscar vuestro Consejo de Sabios, en el que no haya banderas, ni colores, que os enseñe y lo importante es que os dejéis enseñar, tú misma has comprobado que funciona.

Aurorita, vuelve a su casa, está cansada, pero a la vez entusiasma, y decide que desde mañana se dedicará a buscar ese “Consejo de Sabios” que tanta falta les está haciendo. Una vez en la cama cierra los ojos y a su mente le viene una estrofa de una vieja canción …En algún lugar sobre el arcoíris, los cielos son azules, y los sueños que te atreves a soñar, se hacen realidad (Somewhere over the rainbow) 












miércoles, 3 de abril de 2013

CARMINA

Hace más o menos un mes comencé a escribir la historia de Carmina, no sé si lo recordáis, aquí os dejo la segunda parte, esperando  que os guste tanto cómo la primera.

2ª PARTE

JAVIER.
Es feliz en la Aldea, después de la separación decidió pedir en el Banco el traslado a A Coruña. Desde muy joven comenzó a trabajar allí, primero como auxiliar administrativo, para pasar más tarde a oficial y terminado como responsable de una sucursal en el barrio de Salamanca. 

Javier es una persona que ha ido poco a poco subiendo peldaños, se casó muy joven con Carmina su novia de toda la vida, fue padre también muy joven y recuerda como preparaba los parciales mientras mecía la cuna de Javier (el mayor) y como apenas quince meses después vino Inés y él seguía preparando sus exámenes finales y ayudando a Carmina a cambiar pañales.

Dos años más tarde vino Pablo y fue ahí cuando flaqueo en la carrera, cansado le hablo a Carmina de dejar de estudiar, pero ella no le dejo, le ayudo, se llevaba a los niños a la calle, al parque para que él pudiera estudiar un rato a solas, le pasaba los apuntes a máquina, cuando ella acostaba a los niños, se sentaba con él y le pedía que le explicará lo que estuviera estudiando en esos momentos, pensaba que así le ayuda a memorizar y así fue como llego el día de su Licenciatura en Económicas y Ciencias Empresariales Él enmarco el Diploma de su carrera y se lo regalo a Carmina el día de su aniversario de bodas (todavía hoy, cuando lo recuerda no puede dejar de fantasear con “su” Carmina).

Recuerda también lo bien que lo pasaron ese año en las vacaciones de verano allí en la Aldea, sin estudiar, disfrutando de sus hijos de amigos y de Carmina, cómo disfrutaba de Carmina, esos paseos al atardecer, los planes a futuro, y su risa, tan contagiosa, estaba preciosa, radiante, estaba orgullosa de él, y por primera vez en su vida Javier, también se sintió orgulloso de él.

No es capaz de recordar como conoció a Carmina, eran vecinos de la aldea de toda la vida, no es capaz de recordar cómo se hicieron novios, tampoco es capaz de recordar la primera vez que la beso, pero sí que era capaz de recordar la primera vez que hicieron el amor en la “playa nudista” a pocos kilómetros de donde ellos vivían, recuerda el cuerpo de Carmina temblando debajo de él, recuerda como cerraba los ojos por la vergüenza que sentía y cómo él trataba de tranquilizarla murmurándole toda clase de palabras cariñosas y llenándole de besos por las partes de su cuerpo, un cuerpo terso, un cuerpo firme, un cuerpo virgen.

Se sorprende recordando esos instantes de intimidad mirando a su hijo Pablo mientras este le prepara un suculento plato, le mira y no puede dejar de mirarle es una fotocopia de Carmina se dice.

Javier sabe que ha llegado el momento de hablar con su hijo menor, sabe que debe hablar con él, se lo debe. Pero decide que lo hará una vez hayan finalizado de cenar, Javier siempre se ha preocupado mucho de los chicos y hasta reconoce ser algo posesivo con ellos. A él le hubiera gustado que los tres hubieran ido a la Aldea a vivir con él, pero nunca se atrevió a pedírselo, sabía que ellos, tenían unas vidas todavía por vivir, y, como en tantas ocasiones hizo caso del consejo de Carmina “dejarlos volar fuera del nido”, aunque sonríe para sus adentro y piensa “los chicos siempre están por aquí” sino es Javier, es Inés y sino Pablo, pareciera que entre los tres existiese un pacto.

Una vez concluida la deliciosa cena que Pablo había preparado, y cómo si supiera que el padre tenía algo que contarle, rompe el incomodo silencio, a bocajarro, le mira a los ojos preguntándole ¿qué pasa papá? ¿qué es lo que te preocupa tanto? 

Javier se sorprende, no esperaba que fuera él quién hablara primero, contestando con un simple “nada”, no sucede “nada”, pero Pablo es como Carmina e insiste ¿qué pasa papá? 

Javier, no aguanta su mirada, de repente siente calor, ha empezado a sudar. Se levanta de la mesa, con la escusa de ir a buscar un café. Pablo no se ha movido de la mesa, sigue mirándole y a Javier no le gusta, quiere que le deje de mirar de esa manera, aunque se encuentra vuelto de espaldas sabe que le ésta mirando, con esos ojos tan profundos, y a la vez tan tiernos. Toma aire se gira, le mira,  y finalmente sonríe “o eu bebé”, no pasa nada, no pasa absolutamente nada... ¿cómo quieres el café?.

Pablo, decide, no preguntar más, sabe, que si insiste demasiado, terminaran discutiendo y se encuentra tan a gusto que prefiere aceptar el café, sentarse cómodamente en el sillón junto a su padre y discutir por el programa que van a ver en la tele.

Mientras discuten por el programa de televisión que van a ver esa noche, Javier no deja de pensar en las preguntas que hace unos pocos minutos seu fillo le acaba de hacer, no puede dejar de pensar cómo afrontar la conversación que tiene pendiente con Pablo desde hace 5 años, una y otra vez se dice que ésta vez hablará con él, pero una y otra vez la conversación queda pendiente.

Esa noche suena el teléfono fijo de la casa, es tarde, tanto Javier como Pablo se sobresaltan y salen corriendo a la otra punta del salón a cogerlo, es mamá dice Pablo, Javier le pregunta nervioso, ¿qué pasa?, ¿le pasa algo a los chicos?, ¿le pasa algo a tu madre? Pablo le mira alzando las cejas, indicándole a la vez con la mano que espere que le dé tiempo a preguntar, pero Javier no sé resiste, le arrebata el teléfono a su hijo ¿Carmina qué pasa?...

viernes, 22 de marzo de 2013

DON RAMÓN Y CAJAL


Domingo la comida ha sido algo movidita (ha habido jaleo con las judías verdes y los filetes) pero al final la sangre no ha llegado al río.

En la sobremesa y tiradas en la alfombra Lucia ésta enseñándome las letras mayúsculas de la revista del dominical (EL PAIS), tiene una cara preciosa, abre mucho los ojos cuando la pregunto si ve alguna M o si ve alguna T, con su dedillo me va indicando las letras y pone cara de “qué paciencia tengo que tener, no sabe buscar mayúsculas “.

La tele como de costumbre ésta encendida y ELLA recién operada de una rodilla sentada en el sofá y con el mando a su cargo (como siempre), mi hermana (la Jefa) lee atentamente algún artículo del periódico, mirándonos de vez en cuando a Lucia y a mí, sonríe, cuando la oye hablar conmigo.  

Entonces es cuando ELLA hace un ruido y la jefa le pregunta qué pasa mamá, ELLA  tiene la boca torcida y cerrado un ojo hace una señal con el brazo izquierdo indicándonos que no puede mover el otro brazo. Nos ponemos todos muy nerviosos, no dejamos que los niños entren en el comedor, Lucia no se asusta mucho y su padre la saca casi en volandas de allí, ¿papá que la pasa a la abuela?, mientras la jefa  ya ésta llamando al SAMUR, la oímos como cuenta lo que nos está sucediendo en ese mismo momento y yo sólo la acaricio la cara, la pregunto ¿qué es lo que te pasa mamá?, ELLA no deja de guiñar el ojo y me dice con la boca torcida “no lo sé”.

Su hijo empieza a darle instrucciones para que le apreté la mano, le hace una serie de preguntas y poco a poco la boca vuelve a su ser, el ojo vuelve a su normalidad y cada vez le aprieta la mano con más fuerza.

Pasado no sé cuánto tiempo, pero no mucho, aunque a nosotros se nos hace eterno el SAMUR se presentan en casa (cuatro personas, ni más ni menos médico, enfermera, técnico y conductor)

Hay nervios en casa, se nota, el médico se pone manos a la obra junto con los técnicos y la enfermera trata de buscar los datos de ELLA en una especie de Tablet, que parece ser no entiende todavía demasiado bien. Después de hacerle algunas pruebas en casa (han traído cantidad de aparatos) él (médico) y tras mantener una pequeña lucha con la dichosa Tablet decide que hay que llamar a una Ambulancia y llevársela al Hospital que nos corresponde.

Me gustaría hacer un inciso y darles las GRACIAS por el trato recibido , sobre todo con ELLA y con todos nosotros. Tengo que reconocer que perdimos los nervios discutiendo si la llevábamos a la Sanidad Pública o Privada (La Clínica La Luz) y la enfermera nos dio algo de luz sobre el tema “Si fuera mi madre, no dijo, yo me la llevaba al Ramón y Cajal, allí tienen todos los medios suficientes para hacerle ahora mismo un estudio en profundidad, tener en cuenta que si la lleváis a las urgencias de la Luz hoy domingo, sólo os la van a ingresar y tendréis que esperar a el lunes para comenzar a hacerle las pruebas, nos mira a todos  y me repite yo me la llevaba al Público”

El 112 la ambulancia no tarda en llegar, gente muy campechana que la montan en una silla de ruedas y se la llevan y yo con ELLA, dentro ya de la ambulancia,  la técnico como si la conociera, la saca el tema favorito de ELLA  sus nietos y comienzan hablar, normalmente, por un momento me dan ganas de decirle al conductor (guapetón, muuu guapetón, por cierto) date la vuelta que nos vamos a casa, pero seguimos camino hacia el hospital y entre las tres entablamos una tertulia muy simpática, el camino se nos ha hecho realmente corto. La técnico y yo la miramos y nos miramos y ELLA habla y habla quizá por el susto (no es persona de muchas palabras) hasta que llegamos al destino.

ELLA, vuelve a su silla de ruedas y nos llevan a la entrada de urgencias donde una jovencísima no sé si médica o técnico, la pregunta una vez más,  qué es lo que le ha pasado y cómo se encuentra, la médica o técnico me mira y dice yo la veo bien, y tras mirar a mi hermana (todavía no se como se coló) y a mi  decide enviarla a los “naranjas”. ELLA desaparece por un pasillo largísimo y un tanto siniestro, mientras otro celador nos indica donde debemos esperar.

Pasado un rato nos indican donde ésta  la Sala de los Naranjas, por lo que veo y escucho a los médicos, los “naranjas” son pacientes que dentro de la gravedad no lo son tanto, y eso me alivia un poco. Desgraciadamente no es la primera vez que nos encontramos en estas salas. Entre cortinas, con una luz fea muy fea, sin ningún tipo de intimidad, escuchando algunos quejidos, algunos pequeños llantos de personas que se encuentran solas, no las acompañan nadie y porqué no,  algunas risas, risas nerviosas. Se habla bajito, se habla alto,  algunas de ellos no escuchan bien, se oyen ronquidos, se escucha también  la tranquilad de saber que éstas en buenas manos.

Cuando veo que ELLA está más relajada, (le han hecho muchas pruebas en muy poco tiempo)  le digo que me salgo a la sala de espera para que entre alguno de mis hermanos (aunque eso para nosotros a decir verdad, no es problema no sé  cómo nos las ingeniamos que terminamos los cinco con ELLA) pero tengo ganas de tomarme un café y fumar, salgo al pasillo largo, lúgubre, me cruzo con “batas blancas” sin expresión en la cara, caras jóvenes pero con ese rictus que tanto detesto, miro a unos y a otros y pienso será el oficio, no les enseñan a sonreír.

Ya en la sala, saco  un café y me salgo a fumar, al lado hay un grupo de personas de etnia gitana, cuento como diez hombres más otras ocho mujeres y niños muchos niños, se encuentran en su salsa, dan buena cuenta de las maquinas de coca cola y de comida, hablan y hablan y yo no puedo dejar de poner la “parabólica”. Hablan, gastan bromas a los niños, discuten y comen, comen mucho, sus niños como todos los niños pequeños juegan, corren, chillan  y piden dinero para la máquina. Una vez de vuelta a la sala de espera me coloco a su lado, no hay más sitios o si ¿?, pero me apetece escuchar (cotillear)  lo que hablan. Y hablan del pequeñin que ha tenido que ingresar porque se ha tragado una pila de un reloj y parece ser que ésta ya fuera de peligro. Hablan  mucho y todos  la vez, y yo en mi salsa. De vez en cuando los observo y ellos siguen hablando me miran y alguno me hace partícipe de alguna cosa. Hablan de los meses de subsidio que les pagan después de salir de la cárcel. Me llama la atención,  cómo uno de los más mayores explicaba a los todos los demás cómo se había ganado dicho subsidio, pero lo más gracioso fue cuando el más joven de ellos, asentía con la cabeza y le dijo “exactamente eso es lo que yo estoy cobrando más o menos”. Todos o casi todos opinaban al respecto así que creo que han debido también estar encarcelados, dan bastantes detalles.

Cuando acabo el cafelito, me vuelvo a la Sala de los Naranjas, mi hermano ésta hablando con ELLA y justo en ese momento se la vuelve a llevar para realizarla por lo visto la última prueba un  Escáner, al poco tiempo llega el Neurólogo (casi un niño) y nos comunica que la van a dejar ingresada, que parece estar todo bien, pero quieren hacerla alguna prueba más (nos es la primera vez que sufre un Ictus, dichosa tensión, dichoso Adiro que tanto a ELLA como yo pensábamos que no se lo debía de tomar, asqueroso Adiro no sabes cuánto te odio…)

Esa noche  decidimos que “la jefa” pase la noche con ELLA y yo por la mañana voy a sustituirla. Aparezco en el Hospital al mediodía, voy andando hacia el edificio y pienso, vaya lavado de cara le hacía a todo el recinto, me llama la atención un edificio grande que está cerrado y abandonado “Consultas Externas B” y lo miro casi con miedo tiene una pinta siniestra. Cuando entro en el edificio principal y me meto en el ascensor cruzo los dedos para que las veinte personas que en ese momento estamos subiendo no nos quedemos entre dos pisos, la forma en la que suena no me da demasiada confianza, y cuando llego a la quinta planta, siento alivio. Cómo comenté anteriormente, no era la primera vez que estábamos en ese hospital, pero ésta vez sí que quise fijarme en todos los detalles.  Aparte de sentir como dije con anterioridad alivio al bajarme del rudimentario ascensor, me sentí en otra época, vamos que pensé que me había teletransportado. Olía, no sé muy bien a qué,   las instalaciones siguen igual de  antiquísimas,  llego a la habitación (final de pasillo) me encuentro que el baño no tiene un triste plato de ducha, huele mal, y apenas me puedo mover y  la habitación es igual  pequeña para que estén dos personas ingresadas juntas. La miro a  ELLA que como de costumbre  ésta enfadada (siempre lo  está cuando se encuentra en estas  situaciones, así que no me pilla de “nuevas”) yo me río y le comentó que no va estar mucho tiempo que la cama cuesta mucho dinero y que tal y cómo están las cosas le van a dar el alta ya mismo.

Esa noche duermo en el hospital, la vecina me indica como abrir el sillón y charlamos (que raro jejeje) ELLA me mira y empieza a menear la cabeza como diciendo ya ésta otra vez liando a la gente para que le cuente cosas y de reojo la miro y la sonrío poniendo cara de buena y recibo un ¡¡cotilla!! muy bajito.

Hemos bajado un par de veces a fumar, hemos hablado de trivialidades y decidimos que es hora de irnos al sillón a dormir. En alguna ocasión he comentado que duermo como los angelitos por muchos problemas que tenga yo duermo, no descansaré pero dormir duermo,  y el sillón al principio parecía cómodo (puede ser,  que estoy acostumbrada a dormir en los aviones (mi mejor sedante, es poner un pie en el avión y caer como una bendita o no?) y con esa idea me incline y busque acomodo en él. 

ELLA se porto como una campeona y no dio guerra ninguna sólo pidió hacer un pis y dormimos como cuatro benditas, a la mañana siguiente fue cuando al incorporarme sentí cierto mareo y un dolor en el cuello tremendo (parecían agujetas), baje a desayunar llovía a cantaros y no es una metáfora, caían cortinas de agua, así que decidí hacerme la loca y pasar a la cafetería de los "Batas Blancas" me estire la ropa y con paso firme como si fuera de la casa entre, pero no coló... Amablemente me dijeron que no podían atenderme que era una ENORME cafetería para el personal del Hospital y que si quería desayunar, debía cruzar a la estación de RENFE y que allí encontraría la  cafetería. Y así lo hice, cayendo chuzos de punta, sin un triste paraguas, salí corriendo hacia la estación y buscar la puta cafetería. Me dolía la cabeza, me dolía el cuello, y tenía una  especie de resaca rara, tenía ganas de desayunar así que cogí mi bandeja y espere a que me tocara, la cafetería es un autoservicio y a esas horas estaba hasta la bandera.


Termino de desayunar y me subo a la habitación, de nuevo en la quinta planta al final de pasillo le pregunto a ELLA si la han aseado y me dice que prefiere que la duche, así que dispongo todo para la ducha, pero no hay ducha!!!! Y mi compañera de noche (Pilar) me dice que hay que salir al pasillo, casi al principio y allí hay unas duchas. No pasa nada me digo, vamos allá, la pongo la bata a mi madre y nos disponemos a salir, cuando llegamos a la habitación de las duchas estamos solas y campamos a nuestras anchas, ELLA se desviste y cómo podemos nos metemos en el ducha, a decir verdad no ha sido difícil, y sin contratiempo alguno y lo mejor ELLA se ha relajado, despacito y con sus muletas volvemos a la habitación que huele a “caca” Emilia la pobre no puede moverse y se la ha hecho encima y enseguida han venido a cambiarla, no pasa nada pienso algún día me pasará a mí.

Salgo del hospital y a eso de las 17 horas vuelvo a pasar la noche con ELLA de nuevo, pero según voy bajando del coche me digo en cuánto veas a una auxiliar le pides una almohada  para dormir, el dolor me digo es del puto respaldo. Llega la hora de dormir y me toca el hijo de Emilia (persona maja donde las haya) y resulta que hemos estudiado en el mismo colegio, hablamos y hablamos de aquella época y nos reímos y ELLA también entra al trapo, la pobre Emilia escucha pero apenas puede hablar pero también sonríe.  Llega la hora de irse al sillón y nos empezamos acomodar ésta vez soy yo la instructora de los sillones, además de indicarle que se ponga una almohada en la cabeza, sino lo va a pasar mal. Alberto me mira y me hace el gesto de y ¿tú? Yo le contesto ingenua de mi, voy a salir a pedirle una a la auxiliar. Y así lo hago me cruzo con una de ellas y le pido por favor que me deje una almohada, me mira con la  cara ¿lo qué? Le repito una almohada, chica el sillón es incomodísimo,  sólo contesta,  no hay y sigue su camino, la persigo y ahora soy yo la que la digo ¿qué no me puedes dar una almohada? se para y me dice, no hay, y una manta, vuelve a pararse y me dice tampoco, la miro y la pregunto ¿dónde ésta la cámara? ¿es una broma no?, no, contesta algo alterada, no es broma y se marcha, se pierde por el pasillo.

No me gusta lo que me ha dicho y algunas habitaciones están abiertas y me digo de nuevo como veas una cama vacía,  coges la almohada y la manta y te las llevas. Y hay camas vacías pero curiosamente sin almohada y sin mantas, y vuelvo a la habitación y lo cuento porque estoy algo indignada y ELLA y la pobre Emilia me dicen que coja las suyas ELLA tiene una en la cabeza y otra en la pierna y Emilia  4 la pobre las necesita.  Así que la quito la manta y la bata a ELLA y así pasamos las noches que nos quedan allí.


REFLEXIÓN.-

El miércoles pasado escuchaba en la Cadena Ser (19,20 horas) a un responsable médico (no me quedé con su nombre) hablando sobre las agresiones que recibían los médicos, hablaba que las recibían sobre todo drogodependientes, de personas adictas a los tranquis, ansiolíticos y lo que más gracia me hizo (ya, ya sé que no la tiene) donde se "recibía" más eran en los ambulatorios por parte de los  acompañantes de los pacientes, hablaba de un porcentaje alto.

Y bueno todos, nos hemos “revolucionado” con la noticia, hemos hecho la noticia nuestra. Y yo me solidarizo con ellos, claro que sí. Pero los maestros, policías, bomberos, dependientes, etc. también la sufren, que no se nos olvide y por lo que tengo entendido los porcentajes son demasiado altos.

Quiero terminar dejando algunas preguntas al aire ¿por qué no es noticia en las condiciones tan nefastas que se encuentran ciertos hospitales?, ¿por qué no es noticia del tiempo de espera para la realización de una prueba médica?, ¿por qué no es noticia  la grandísima falta de todo tipo de personal...? ¿por que?

Recordar que la Sanidad Pública no es gratuita que la pagamos todos, olvidémonos del tema de los recortes, esto lleva sucediendo desde hace mucho tiempo, demasiado. Vamos a preocuparnos por este tipo de cosas, vamos a luchar por mejorarlas, desgraciadamente las vamos a necesitar ojala que sea más tarde que temprano, pero las necesitaremos. En nuestras manos ésta....


D. Ramón y Cajal excelente médico y científico, pero su hospital se cae a cachos….”

domingo, 17 de marzo de 2013

.....AY PENA PENITA PENA


Hace poco un artículo donde el columnista  o como se llame,  decía algo muy parecido o idéntico a lo que me sucede a mí. “El señor Morfeo me visita cada noche, no me resisto y me voy con él en cuanto siento su presencia, con problemas o sin ellos no me resisto a su dulzura y sus cálidos brazos. Pero anoche me hice la “dura” y decidí no ir, reconozco que había comido y bebido algo más de lo normal y que el estomago me daba de vez en cuando avisos de “te has pasaoooo” o quizá fuera la indignación, el asco o la PENA la que me hizo no poder conciliar el sueño.

Ahora, con dos cafés y un poco adormilada no estoy segura si era la rabia, no sé si eran ideas un tanto maquiavélicas las que no me dejaban irme con mi amado Morfeo, o era la PENA, una pena desgarradora,  profunda la que no me dejaba dormir.

Ay pena penita pena como dice la copla, que mala compañera de viaje eres, ay pena penita pena quiero dejarte, quiero abandonarte y tu no me dejas, ay pena penita pena sigues ahí, siempre amenazando, siempre en la puerta, con tus ojos fijos en los míos, con tus dedos acariciándome, ay pena penita pena tienes que marcharte.

Y  tienes que marcharte porque decido que tu enemiga la alegría tiene que volver a casa, hace un tiempo  que discutimos, hace tiempo que se marcho, hace tiempo que no sé nada de ella. Pero estoy decidida a hacerle de nuevo un hueco, estoy decidida a no discutir más con ella,  y seguir cada una de sus instrucciones sin hacer preguntas, estoy decidida hacerme de nuevo su “mejor amiga”, su “mejor compañera”.

Y le haré junto con su  amiga LA LUCHA, voy a ser una de sus mejores discípulas, no me voy amilanar, ya no!! voy a luchar por lo que considero justo, por lo que es de extrema necesidad, no quiero ver más llantos, no quiero oír tantas palabras de decepción, hirientes, basta ya de tanta maldad, de tanta mentira, de tanto dolor.

Basta ya de tanta basura que no nos lleva a ningún lugar, basta ya de tantos daños colaterales que tanto nos afectan, basta ya de tantas personas egoístas que en nombre de (XXXXXX) solo buscan su bienestar, sólo buscan su comodidad, sólo buscan su maldad, actuando a base de mentiras y más mentiras, actuando sólo con despropósitos uno tras otro, no hacen prisioneros, ellos aniquilan, aniquilan  toda clase de  ilusión tanto en  mayores como en los más  pequeños.

Habrás ganado una batalla y va por ti… pero te queda mucha guerra y muchas batallas por pelear, piensa bien tu estrategia, yo, ya la tengo, juego con ventaja (demasiado tiempo libre quizá?), juega bien tus cartas, piensa bien lo que haces, mira siempre a tu alrededor yo te  estoy observando y calibrando al milímetro tus actos, no son amenazas, no es haber pasado alguna noche en “blanco” tampoco, voy a presentar batalla y  vas a sufrir, y te voy a hundir, y serás, ay pena penita pena la que ésta vez llore, y serás ay pena penita pena la que no duermas, y serás ay pena penita pena la que quede como un mal recuerdo, como una mala pesadilla, ay pena penita pena…

lunes, 4 de marzo de 2013

CARMINA

1ª PARTE

Llega pronto a su cita, han quedado en la terraza que está enfrente del Palacio Real, decide sentarse y pedir una copa de vino blanco, Carmina no bebe, es más no le gusta el vino, pero cree que le dará un aspecto más interesante. 


Se mira una vez más y sonríe pensando que se ha vestido como la Penélope de Serrat (con su bolso de piel marrón, sus zapatos de tacón y su vestido de domingo) pero le gusta, SE GUSTA, y vuelve acomodarse en su silla, una vez más mira el reloj y empieza ese nerviosismo tan característico en ella. Decide probar el vino, no ésta mal, piensa, fresquito, afrutado, no, no ésta mal. 

No puede evitar volver a mirar el reloj, debía haber salido más tarde de casa se dice así misma, pero mientras espera decide seguir bebiendo y contemplar el escenario. 

Es domingo a comienzos de la primavera y la gente ha salido a tomar el vermut, tienen las caras algo pálidas, y todos buscan alguna terracita donde sentarse con sus gafas de sol, algunos solos con sus periódicos, otros en compañía y otros como ella esperando…

Le llama la atención una pareja joven mucho más joven que ella. Sentados justo enfrente de ella, han pedido cada uno sus respectivas consumiciones y él se ha puesto a leer el periódico, ella mientras tanto ha buscado la posición idónea para que el sol le dé de cara. Ella le comenta algo y él sólo asiente con la cabeza, y ahí acaba toda la conversación entre ellos. No puede dejar de mirarlos, no puede dejar de acordarse de que no hace mucho tiempo era ella la que hablaba y Javier (su ex) asentía con la cabeza.

Carmina, le da otro sorbo a su vinito y sigue mirando pero ésta vez ya no observa sólo empieza a recordar. Este año cumplirá los 50 y ya tiene un hijo con 25 años (Javier) una hija con 24 (Inés) y el más pequeño de 22 (Pablo), y aquí cómo una quinceañera, piensa, con el estomago encogido y las palmas de las manos sudorosas, mira nuevamente el reloj y se pregunta si será este el sitio convenido, parece que se retrasa, no mucho pero se retrasa y le parece de mal gusto llamarle al móvil, así que decide volver acomodarse en su silla y 
seguir mirando el maravilloso escaparate que tiene enfrente de ella El Palacio Real.


Pero no es capaz de relajarse, no puede concentrase, no deja de pensar que en cualquier momento alguien le tocará el hombro suavemente y se dará la vuelta y allí estará él. Se lo ha imaginado de tantas maneras, las fotos que ha visto no han sido de demasiado ayuda así que ella se ha hecho su propia composición. No deja de mover los hombros, no deja de mirar hacia los lados y de vez en cuando mirar hacia atrás, no puede evitarlo. Busca su teléfono no vaya a ser que me haya llamado y lo tenga en silencio, pero no, no ha llamado nadie, tiene un mensaje pero es de Pablo “llego a Madrid el martes por la tarde”, se ha marchado con el padre a Galicia 

Ellos, Javier y Carmina son de allí de Costa da Morte, zona costera de A Coruña y su ex después de la separación, decidió marcharse a la aldea, decidió volver a sus orígenes, a su casa de toda la vida. Casa que por otro lado, habían comprado a sus hermanos, la habían rehabilitado invirtiendo allí parte de sus ahorros, porque Javier decía que sería su refugio, que sería su verdadera casa, sólo para los dos y ella le creyó. Recuerda lo bien que se lo pasaban los chicos y ella durante las vacaciones tanto de Navidad, como de Semana Santa, verano y cualquier puente que pudieran aprovechar, no hacían pereza, se marchaban con la casa a medio hacer, con los críos bien chiquitines, siempre encontraban algún pariente que les socorría, siempre encontraban donde dormir y comer.

Y vuelve a mirar el reloj, y vuelve a mirar el teléfono y vuelve a mirar El Palacio Real. La copa de vino empieza a dar sus últimos coletazos y se ha calentado, ya no tiene ese sabor que al principio tanto le gusto, su sabor se ha convertido en algo amargo, no le gusta y vuelve a llamar al camarero indicándole que por favor le vuelva a traer otra copa de vino.

Delante de esa segunda copa de vino se dice moviendo la cabeza "a ti las cosas a la primera nunca te salen" y sigue bebiendo, sigue esperando….